y si quiero estar triste, déjenme estar triste

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y si quiero estar triste, déjenme estar triste

Hubo un tiempo en que me creía Sylvia Plath. Cuando tenía quince o deciseis años y leía La Campana de Cristal pensando que yo era la protagonista. Es que también quería convertir mis penas en algo poético, también quería trascender lo que sentía como lo hacía Plath. Como si quisiera sacarle provecho a lo que dolía, como si no quisiera que todo fuera en vano. O quizás, y creo que esto es lo más probable, no sabía de que otra manera reaccionar ante la tristeza. Los libros y autores que conocía en mi pieza a solas eran los únicos que me hablaban del dolor, eran los únicos que me guiaban. El resto del mundo, el mundo real, se abstenía de aquel tema. No era algo de lo que se hablara en el día a día, rehuían del tema. Parecía que estar triste era algo muy mal visto, fuera de lo normal. Y aceptar la tristeza, quizás intentar entenderla, era algo que simplemente no se hacía. Todos debíamos estar felices todo el tiempo, disfrutando todo el tiempo.

Ahora bien, mi perspectiva sobre la tristeza ha cambiado y ya no la veo como algo estético, si no como algo real. Quizás lo que no me permitió pensar así antes era la falta de visibilidad y representación que este tema tenía. Y los prejuicios y malas concepciones que tenía.

Las emociones son algo tan íntimo y subjetivo, que lo que más me enerva en la vida es cuando alguien cree que tiene el derecho de decirle a otro cómo se debería sentir. Oye, anímate, deja de ser amargado, deja de estar depre. No deberías estar triste, no tienes ningún motivo, hay gente que está mucho peor que tú. Pero, ¿qué mierda puede saber el resto? ¿Cómo cresta creen que entienden lo que sientes más que tú?

A veces uno está triste, a veces no es tan fácil animarse, a veces las cosas se ponen un poquito muy difíciles y nada parece resultar a tu favor. No hay vergüenza en eso, es parte de la vida.

Hace un par de semanas se generó polémica por una noticia de un estudiante universitario desaparecido. Las redes sociales se llenaron de fotos y pedidos de ayuda para encontrarlo. Cuando el joven apareció y se dio a conocer que el mismo se había ido por problemas con sus estudios (no indagaré más en ese tema porque creo que no es incumbencia de nadie excepto de él), toda la supuesta ayuda y empatía se transformaron en burlas. Medios de comunicación, revistas o portales conocidos, se reían del problema del estudiante, lo minimizaban y lo trasformaban en bromas y desprecio. Aquí lo vemos perfectamente. Los demás invalidan tus sentimientos, te dicen que lo que te pasa, lo que te acompleja, lo que te aproblema carece de importancia. Se burlan de tus penas.Si así es como reacciona la gente, yo creo que no es sorpresa que el estudiante no haya querido compartir lo que sentía, quizás eso podría justificar su huida.

Pero, ¿cómo podemos realmente saber lo que le pasaba? ¿Quiénes somos nosotros para jugzar, si no estamos en su mente, si no sabemos realmente lo que estaba pasando en su interior?

Yo creo que a veces tienes que tomarte un momento para estar triste. Tienes que tomarte un momento para sufrir por lo que tienes que sufrir, por aquello que te dolió, por aquello que perdiste. Sobre todo a los jóvenes, se nos exige estar contentos todo el tiempo, disfrutando todo el tiempo. Nos dan la idea de que así es como debería ser. Por eso terminas avergonzado de la tristeza, te la guardas, no quieres compartirla.

En estos tiempos en los que los sentimientos reales son escasos, creo que deberíamos celebrar cuando sientes algo de verdad, cuando algo realmente te llega, abrazar esa emoción, sentirla completamente.

Y si quiero estar triste, déjenme estar estar triste. (quizás no al nivel de Sylvia Plath, claro)

(pd: A propósito de la imagen de arriba, creo que el mundo no valora a Legalmente Rubia como la obra de arte que es)

Amanda Teillery Delattre

Amanda Teillery Delattre

Chile. 22 años. Autora del libro de cuentos "¿cuánto tiempo viven los perros? publicado por editorial planeta, sello emecé