Y dónde quedó casa

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Y dónde quedó casa

Me gusta caminar por caminos. Me gusta cuando los caminos se forman orgánicamente por el aplastamiento constante del mismo trayecto que hacen unos y más. Me gusta cuando son curvos, enredados, rodeando rocas y serpenteando. Me gusta pensar que un día hubo un acuerdo común que por ahí era, y no por detrás de ese otro árbol, y que los únicos que formaron parte de esa conversación fueron sus pies.

Luego existieron otros procesos. Ahora pienso en caminos y sujeto una baranda que hicieron a partir de ramas para llegar a una cascada. Hay tantos que ya son lejos de orgánicos, como el trazado de la ciudad y cada vez que me cuestiono quién pensó en ciertos sectores y cuál es su definición de urbanismo. Supongo que son válidos, también. Son caminos.

Y me pregunto de nuevo dónde quedó mi casa, si en un triángulo acordonado por avenidas, o quizá en un bosque parecido al que queda a un par de cuadras, o en uno completamente distinto. O quizá se lo lleva mi madre a donde vaya.

Cuando pienso en casa, tengo una sensación curiosa en la guata. Siempre encuentro un parecido nuevo, un lugar que no había considerado antes. A los dos años de haber llegado, me encontré de frente con que este era ahora mi hogar. Hoy es un popurrí de sitios y personas, donde sí, algunos son como la hoguera misma, otros están cerca de la puerta y otros más se encuentran afuera todavía oliendo las flores.

Extraño caminar por algunos caminos. Cuando alguien menciona que fue aquí o por allá con sus primos, que vio a sus abuelos y salió con sus tíos, que fue a comer con su papá. A veces quiero andar por caminos de eucaliptus y peumos, y escuchar el agua corriendo en una sombra fría y húmeda en la mitad del verano.

Y de nuevo me cuestiono: dónde quedó casa.

Y a veces me respondo: en todos los lugares.

Ando y vuelvo a caminar los senderos donde se deslizaron migas desde mis bolsillos, en un descuido no tan descuidado que me instase a pasar de nuevo y mirar el camino.

Y dónde quedó casa.

Aquí mismo, donde sostengo una taza de té caliente y te invito a la que mantengo en mi otra mano conmigo.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.