Was Macht Berlin?

ColaboracionesNo ficción

Was Macht Berlin?

Dies ist das Land, wo viele schweigen
Wenn die Verrückten ausgehen,
Um der ganzen Welt und dir selbst zu beweisen

Willkommen in Deutschland
- Die Toten Hosen

Llegué a Berlín a mediados de enero, en lo que supe luego, fue uno de los inviernos más cálidos. Aunque mi sensación térmica habitual, coincidía con la del Polo Norte.
Eran las 4 de la mañana, cuando llegué a una estación de micros inmensa. Una especie de Retiro, ordenada, vacía y limpia.
Mi primer impresión de Berlín, nunca cambió, y a lo largo de los años y de mis pasos por la ciudad, se mantiene. Todo es enorme. A lo grande, o al menos así lo siento desde mi metro cuarenta y nueve.
Solo tenía una dirección en un papel cortado, junto a dos teléfonos y una ciudad fantasmagórica que esperaba fuese un hogar los próximos meses.
Había elegido Berlín en el sorteo de ciudades con posiblidades de trabajo, por sobre Ginebra, Londres, Siena y Amsterdam. Y solamente porque había escuchado muchas historias de ella, de mis músicos preferidos por esas épocas (y aún hoy… los gustos musicales creo nunca cambian).
El anonimato, el silencio y la soledad que me recibieron aquella madrugada, hicieron que confirmara mi decisión de quedarme.
Me quedé un buen rato tratando de estudiar en mi mente el mapa de la ciudad que me había aprendido casi de memoria, y una chica se me acercó para preguntarme si necesitaba ayuda. O al menos eso interpreté.
Saqué de mi libreta el pedacito de papel donde tenía anotada la dirección de donde debía ir y ella me lo marcó en el mapa. Me explicó las mil y un combinaciones que debía hacer para llegar.
En un inglés estructurado me dijo que estábamos en el oeste de Berlín y adonde yo me dirigía era el este.
La miré y le dije en un inglés rústico, ¿aún importa eso?
“Todos vienen a Berlín por la segunda guerra mundial, los nazis, el muro… y Berlín es más que eso…” Lo sé, respondí.
"Gracias", le dije en mi español argentino original. "Willkommen und Glück", me dijo antes de desaparecer en la neblina que inundaba la estación. Para mí Berlín era el exilio de Bowie, los años tristes de Dee Dee Ramone, la estética de Nena, el Tacheles y por sobre todo, una nueva página en mi historia.
Yo no sabía mucho de la historia de Berlín y me gustaba que ella no supiese nada de la mía.
Supongo que ibamos a empezar las dos desde cero.
Entré a un bar típico de terminal, donde un hombre con rasgos árabes me sirvió un café tibio y me ofreció un baklavá. Me senté, miré a mi alrededor. El paisaje era desolador. Antes de viajar, con la guita de la indemnización me había comprado un Ipod Classic, y con lo otro, en vez de meterlo en un banco estafador o ahorrar para el sueño del sucucho propio, lo usé para huir. Para escapar. Para quedarme en un lugar donde ni el idioma entendía. Y donde sólo entraba en el campo visual de los infantes.
Puse play y el aleatorio del Ipod como si tuviese un geolocalizador, esbozó las primeras estrofas de "Do anything yo wanna do". Estaba lista para vivir allí.
Una sudaca en Berlín, ¿qué más podía pedir?


Maybe I Born to Die in Berlin I can remember standing by the wall
And the guns, shot above our heads
and we kissed,
as though nothing could fall...

We can be heroes just for one day

Este texto fue publicado previamente en el blog de Esdian
Fotografía de portada por Gabriela Malagraba

-Esdian