Colaboración: Sentirte vulnerable es sentirte vivo

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Colaboración: Sentirte vulnerable es sentirte vivo

Cuando era pequeña solía aventar monedas a las vías del tren para que este las aplastara y después recogerlas. Parecía que era tan fácil para tal bestia desmoronar los bordes y grabados de las moneditas, sacrificadas por mi inocencia.

Pienso que todos somos como esas monedas, aparentemente fuertes y difíciles de doblar o moldear, pero que de igual manera, solo basta la fuerza de algo que nos supere para romper nuestros bordes y grabados. Somos vulnerables.

Pero ¿qué es ser vulnerable?... Según la RAE, se define como la cualidad de poder ser herido, recibir una lesión ya sea física o moral.

Si lo ponemos con mis palabras, ser vulnerable es estar vivo. Es reconocer que a pesar de poner frente dura a los problemas, en el fondo sabemos cuál es nuestro límite (porque todos tenemos uno). Es llorar con tu película favorita un viernes por la noche o no resistir un beso de quien amas. Es extrañar todos los días a quienes no puedes ver tan seguido como quisieras. Es golpearte el dedo “chiquito” del pie y aventar mil maldiciones al aire. En fin, implica mucho más que solo recibir golpes ya sean físicos o emocionales.

Creo que todos los días tengo esa sensación de vulnerabilidad, ya sea por el hecho de vivir en una ciudad tan enorme como esta, donde por el menor descuido al cruzar la calle puedes quedar aplastado como señalamiento de tránsito, o al caminar por la banqueta te encuentras a la misma señora de siempre con el mismo niño en brazos y entonces te vuelves vulnerable ante la empatía.

Hace un par de años hubiese preferido perder mi ovario izquierdo antes de admitirme vulnerable, pues para mí era sinónimo de debilidad. Después de un par de trancazos y varias caídas hoy puedo verme así, vulnerable y real.

Ser vulnerable es ser humano, aceptar que así como somos fuertes, también somos blandos.

Alexa Escalante, 20 años.