Una gran mujer (Beanpole)

recomendaciones

Una gran mujer (Beanpole)

Masha contempla sonriente el vestido verde que lleva puesto, lo agarra de los pliegues y mira a Iya sentada en la cama. Su cuerpo toma impulso y gira entre risas sobre sus propio eje. Se detiene unos segundos y vuelve a girar con más intensidad, ya perdida en sus carcajadas. Iya se mantiene quieta en la cama y se ríe con ella. Masha se detiene agitada y muy seria. Toma aire, retoma las vueltas con lágrimas en los ojos y se detiene todavía más agitada. Al final, da una última vuelta casi con violencia, se detiene y se quita el vestido desesperada.

Sobre gustos no hay nada escrito

Sí, es una de las frases más clichés de la historia de la humanidad pero aplica perfectamente en el terreno audiovisual. Ahora, fuera de si es o no del agrado del espectador, hay muchas razones para darle una oportunidad a Beanpole, un largometraje ruso dirigido por Kantemir Balagov. Esta narrativa pausada nos hunde en una atmósfera gris que busca retratar la realidad soviética luego de la Segunda Guerra Mundial. El Leningrado se presenta prácticamente destruido y, en medio de los escombros, caminan Iya y Masha, las dos mujeres que llevarán adelante el relato. La tensión dramática y la acción de esta película se concentran más bien en las expresiones de los personajes y en los lugares por los que se mueven. Sus deseos e intenciones se filtran tan lentamente como la información que el realizador comparte con el espectador. Es una historia para ver con calma y entendiendo que el tono actoral por ahí se escapa del que se acostumbra a ver comercialmente. Aún así, algo que realmente aprecio de las experiencias cinematográficas es que, independientemente de las preferencias individuales, estas siempre abren nuevas ventanas con los universos perceptuales de otras personas.

Una imagen charlatana

Kantemir Balagov no escatima a la hora de expresar su crítica social e incluso toca temas que seguramente son polémicos en la Rusia actual como la eutanasia, la homosexualidad y el aborto. Pero, ¿cómo se expresa esto a nivel audiovisual? Bueno, en principio podría decirse que desde la alegoría. El tratamiento formal de la historia no busca tener una estética realista sino que se apoya en las decisiones de cámara, iluminación y arte para expresar ideas que van más allá de lo dicho. Cada plano carga un peso simbólico importante e incluso podrían tratarse como una pieza independiente. En el fotograma anterior, por ejemplo, se puede ver a un ex-combatiente de la guerra imitando un ave. El hecho de que al actor le falte una mano crea la sensación de un vuelo roto, una herida irreparable.

Así mismo, a lo largo de la película hay un trabajo constante con el par complementario del rojo y el verde. Este ejercicio no busca pasar desapercibido ante el espectador, el cual hila las imágenes y crea diferentes asociaciones. Es tal el grado de exacerbación que a veces parece un mundo paralelo en donde sólo existen estos tonos. Al rojo se le carga la vitalidad de la vida mientras que el verde es un color frío pero tranquilo que acompaña a la muerte. En el siguiente fotograma se puede apreciar con mayor claridad la contienda que parece haber entre estos colores. Ahí el pequeño niño de rojo se ve contrapuesto a las paredes verdes del hospital atestado de heridos y moribundos.

Además, otro aspecto interesante es que, ante estas imágenes tan “charlatanas” y expansivas, los diálogos son más bien acotados. Las conversaciones se dan de manera constante pero cuentan más con lo que no dicen o con lo que esconden. De hecho, algunos de los momentos más tensos en la película se pueden ver cuando se usa el silencio como elemento para anteceder a una mala noticia. Estas pausas intencionadas son tan expresivas como los mismos diálogos y terminan sirviendo de interludio para las conversaciones más aclaratorias del final.

Sobre la vida y la muerte

Como se dijo anteriormente, la vida y la muerte se pelean en todo momento por ocupar el espacio en la pantalla. Sin embargo, son las protagonistas las que escenifican esto de la mejor manera. La contextura física y personalidad melancólica de Iya contrastan completamente con el carácter explosivo y hasta impulsivo de Masha. A mí entender, ellas son la representación misma de la guerra que acaba de terminar. Por un lado tenemos a la pequeña vida infértil vestida de rojo y, por el otro, a la muerte fértil que ocupa más espacio del que desea. Es más, entendido así, este es el relato de cómo la vida le pide a la muerte que le dé a un hijo, que le devuelva lo que le quitó. Es un reclamo en el cual, gracias a la escenografía y al vestuario, se muestran estos polos como inevitables y complementarios. Al final, la paleta de colores descrita también mostrará de manera gráfica la transformación que sufren ambas amigas.

Conclusiones

En lo personal, Beanpole me atrajo mucho por su propuesta estética y por el universo melancólico pero colorido que plantea. Si bien reconozco que muchas personas podrían criticarla por llevar ciertas decisiones formales a un extremo irreal, yo disfruté del camino poético que optaron para contar el relato.

Por Guadalupe Lareo