Un abrazo

Cuando te abrazo siento tu palpitar con el mío, como si persiguieran las mismas coordenadas. Cuando te abrazo nuestros hombros se convierten en almohadas donde reposan las lágrimas o los sueños. En un abrazo te digo cuánto te quiero, y sin embargo esta muestra de afecto se nos arrebata, e irónicamente se deja de hacer por amor.

Mi madre me enseñó mil y un formas de demostrar cariño: con palabras de aliento, con una sonrisa, hasta en su ceño fruncido escondía destellos de amor. Por ello sé que hoy nos queremos de una manera distinta, hoy no nos abrazamos, por volvernos a ver, por volver a dar un paseo, por un beso en las mañanas; por abrazarnos una vez más, no lo hacemos.

Pero el amor, el calor y el refugio que guarda un abrazo se hace presente, con los aplausos, con el dibujo de un niño pegado en la ventana donde dice que todo va a estar bien, con el que por primera vez descubre que su vecino tiene el mismo gusto musical, con el poeta que sale a la luz y lee su obra a través de una pantalla, con el músico que compone y transmite su música ante miles de ojos que esconden incertidumbre pero también esperanza; con la llamada de nuestros seres queridos, con los cursos, las charlas, las historias, los retos en línea o el punto, signo que deja de indicar el fin y da comienzo a la interacción.

Hoy no te abrazo, pero te leo, te escucho, te veo y sé que tú también lo haces, porque nos dimos cuenta de lo valioso que es tenernos, de lo afortunado que eres por leerme desde la comodidad de tu hogar, de lo afortunados que somos por estar vivos y por poder demostrar cariño y apoyo de otras formas, de darnos fuerza para ahuyentar las pesadillas, la ansiedad o el miedo; de lo cerca que estamos sin tocarnos y como el tiempo no vale por las horas o el espacio por lo material, ahora nos percatamos de que la soledad y el silencio no son tan malos y el reflejo en el espejo ya no nos da tanto miedo.

Hoy escribo porque a pesar de la incertidumbre, el aislamiento y lo abrumador de las cifras, me aferro a la idea de que cuando termines de leer esto estarás bien y tu palpitar y el mío perseguirán las mismas coordenadas.


Autora: Fátima Rosas Malacara