Tengo un poema

poesíaColaboraciones

Tengo un poema

Tengo un poema pegado en la cabeza,

al borde de mis dedos,

en la punta de la lengua,

atorado en la garganta,

ahogado en mis ojos,

recorriéndome la espalda tan lento que arde.

Tengo un poema que susurra en las fronteras de mi piel,

en las concavidades de mi pelvis,

en mis lugares desolados por el adjetivo peyorativo.

Palabras.

Rondan desordenadas por mi nariz,

por las fisuras de mi barbilla,

por debajo de mis pechos,

entre los dobleces de mi vientre,

en la circunferencia de mis caderas,

entre mis muslos soñadores.

Tengo un poema que me (des) ordena,

que me pierde en el laberíntico sinsentido de la carne.

Mi carne.

Es un poema sólo mío.

Mío el hábito que erosiona el caos,

disfraza la certidumbre

y me arrincona en lo abstracto.

Tengo un poema que (des) acalambra la vida,

que echa raíces adentro.

Muy adentro.

Comienzan en los diminutos confines de los dedos de mis pies,

suben por mis piernas,

penetran en el tronco (des) equilibrado,

me rodean los brazos,

(re) vuelven mi cabeza.

Arriba.

Mis raíces no se contienen en las fronteras de mis cabellos.

Desdibujan los límites de las formas.

Me funden afuera y adentro.

Con todo y con nada.

Me hacen cosquillas

Tengo un poema en la pelvis.

Dicen que los versos que se tejen ahí son hierba mala.

Hierba mala y sucia.

Pero donde hay hierba, hay vida.

¿De qué tipo?

Aventura es la respuesta.

La aventura de tocar,

saborear,

penetrar,

florecer en los caminos.

Tengo un poema colmado de hierba mala,

pero que no se asusta cuando encuentra

porque persiste en la paradoja del paréntesis.

Mi poema es confluencia

De lo que es uno, pero también otro.

De lo que es luz y sombra.

Yo soy un poema atravesado

Entre la plenitud y la tristeza.

Entre lo liso y lo rugoso.

Entre la mesura y el desborde.

Entre la rectitud y los pliegues.

Entre la carne y la idea.

Entre el dolor y el gozo.

Todos, simultáneos y dispuestos.

Yo soy un poema que hierve

y congela,

que abraza

y suelta.

Yo soy un poema…

Por Astrid Dzul Hori