Tengo que ser honesto

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Tengo que ser honesto

Hoy hay muchas personas que están orgullosas de ser trans, lesbianas, gays, jotos, maricas, intersexuales, asexuales, queers y no binaries. Hoy más que nunca, hay que celebrar todos los derechos que hemos logrado obtener; ninguno se nos otorgó sin una batalla de por medio. Claro que la lista de pendientes, desafortunadamente, sigue siendo larga. Tenemos la responsabilidad de seguir luchando por el reconocimiento y respeto que constantemente se nos niega. Hay que ser críticos, y por ello, tengo que ser honesto contigo, porque nadie lo fue conmigo.

Hace unas semanas, tuve un bajón emocional cuando terminé de escribir un reportaje en el cual trabajé aproximadamente seis meses. La razón de mi descontento, fue una cifra que encontré: la Encuesta Nacional de Discriminación 2017, realizada por el INEGI, arrojó que el porcentaje de personas lesbianas, gays y bisexuales es de 1.9% en nuestro país. Dimensioné lo que ya sabía. Entré en crisis.

Por un instante, volvió a mí el sentimiento que pensé haber dejado en el pasado. Ojalá no fuera gay. ¿Por qué estaba pensado esto de nuevo? ¿Acaso no había logrado ya estar orgulloso de ser quien soy? Según yo, ya había dejado muy atrás esa homofobia interiorizada.

Hay que reconocer el avance en la visibilización que hoy en día tiene el colectivo LGBT+ en los medios de comunicación. Vemos personas, personajes e historias que hablan sobre la diversidad sexual y las múltiples identidades de género que son una realidad en nuestras sociedades.

Un día, que ya había visto todas las películas con personajes gay que me llamaban la atención y quería ver más, me generó una frustración la predominante heteronorma en los medios. Inmediatamente después, me di cuenta que los hombres gays somos el grupo más representado. Hay personas intersexuales, trans y asexuales que son cruzadas por una interseccionalidad; convirtiéndose en la minoría de la minoría. ¿Tendré mucho que agradecer y poco de qué quejarme? Reconozco la ventaja por encima de otras orientaciones e identidades. Hay que enfocar la energía de reclamar cuestiones personales intrascendentes, para exigir mayor visibilización sobre otras diversidades.

Antes de que la palabra gay se utilizara para describir a hombres que se sienten atraídos por otros hombres, hacía referencia a la felicidad. Con el paso del tiempo, fue adoptada por hombres atraídos a su mismo sexo como código de identificación, hasta adquirir el significado actual. En junio, vemos muchas banderas de arcoíris por todos lados, marcas que se unen a la celebración y figuras públicas que alzan la voz. Durante este mes hay dos palabras que se leen mucho en los espectaculares, se escuchan en la radio y se comentan en las redes sociales: pride y orgullo. Esta publicidad del arcoíris, disminuye una vez que las festividades del mes concluyen. Sin embargo, estas palabras continúan abarcando generalmente los reflectores cuando se habla sobre el Colectivo LGBT+. Pride, orgullo, orgullo, pride, pride, orgullo, pride, orgullo, pride.

Lo que nadie te dice, es que habrá días donde agradecerás lo especial y único que te hace pertenecer al 1.9% y, habrá otros, donde te sentirás desesperado, harto y triste de que el 98.1% de las personas no te entiendan. En la vida, no siempre vamos a ser felices, así como no siempre vamos a ser infelices. En la vida LGBT+, no siempre te sentirás la reina gay, así como no siempre desearás ser del 98.1%.

La publicidad del arcoíris solo muestra un lado de la moneda. Me atrevería a decir que nos presiona a siempre estar orgullosos, a siempre estar gay. Desde mi opinión, eso resulta imposible. Happy pride.


Por Emiliano Contreras Pérez (@emicope 77 en twitter e instagram)