Te crece rápido el cabello

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Te crece rápido el cabello

“Por favor no te rapes otra vez”, me dice Irene, mientras pasa sus manos por mi cabello. “Se te ve bien bonito así, ¿verdad Gloria?”, sigue, y Gloria asiente. Pienso en las otras personas que me han dicho cosas parecidas. El vecino en el elevador, por ejemplo. O mi mamá. “Te ha crecido rápido”, dicen algunos compañeros de la universidad. Me recuerdo del comentario de Diana: los coreanos tienen el mito de que si te crece rápido el cabello es porque tienes pensamientos impuros en las noches. Lo guardo junto a los otros mitos, como ese de cortarte el pelo durante la luna llena para que crezca más rápido.

Irene y Gloria trabajan en mi casa, y han presenciado la trayectoria de mi pelo. Como bien dijo alguna vez mi amiga Guada, “ché, ¿te das cuenta de que cada vez que terminás con tu novio te cortás el cabello?”. Más o menos así.

Cortarse el pelo da la sensación de un cierre de ciclo, de un nuevo comienzo. Me ha ayudado a sentirme motivada y emocionada. Me hace sentir diferente y bonita.

Era noviembre del 2014, como dos semanas después de que J y yo habíamos terminado. Fui a casa de mi amiga Pau, donde me hice una trenza y le pedí que me la cortara. El pelo pasó de llegar a mi cintura, a estar a la altura de los hombros. Llevaba tiempo pensando en la idea, y el fin de mi relación detonó esa impulsividad que necesitaba. Hacerlo en casa de una amiga fue muy emocionante y nos llenamos de adrenalina. El peluquero que arreglaría las puntas después nos vería incrédulo.

Fue en agosto del 2015 cuando vino el siguiente corte de pelo. Si no me equivoco F y yo nos estábamos dando un tiempo, y decidí que era un buen momento para hacerlo. F solía decirme lo mucho que le gustaba mi pelo, y parte de las razones por la cual me lo corté fue porque no quería que su atracción por mi se basara solo en eso. ¿No podía ser bonita con menos pelo? Esta vez fui más corto. Me hice un “pixie cut”, y me sentí increíble. Por primera vez en mucho tiempo, no me podía ocultar tras una cortina. Sentía el aire pasar por detrás de mi cuello, y más libertad de movimiento. A F le gustó, y me gustó que le gustara.

En Junio del 2016 me rapé. Esta vez no había terminado con nadie. R y yo éramos novios, y decidimos hacerlo juntos. Al salir de casa, le pregunté a mi madre si me querría aunque me viera distinta. Mientras se cerró el elevador, alcancé a escuchar un “¡por favor no te pintes el pelo!”. Fuimos a la peluquería y cuando dije lo que quería, otra clienta me vió atentamente durante todo el proceso con expresión de shock. “Yo no sé qué haría si mi hija llegara a casa así”, decía. Lo primero que sentí al salir fue frío y luego cosquillas. El viento me hacía cosquillas. Llegué felizmente a casa con una capucha puesta. Mis padres veían televisión. Mi madre me vió con sospecha, y me pidió que me la quitara. Pronto estaba tomándome fotos para mandarle a sus amigas en Whatsapp, y la escuchaba en llamadas diciendo, “sí, todo, y yo que pensaba que se lo iba a pintar”.

Mi etapa rapada fue divertida. La gente se siente algo intimidada por ello. Llama la atención. Me pasó que los niños pequeños se me quedaban viendo asombrados, y eso me gustaba. Luego me fue creciendo, y me lo corté de nuevo porque me estaba creciendo muy cuadrado. El último corte fue de puntas hace unos meses.

Ahora lo tengo un poco más abajo de los hombros, y por momentos me dan ganas de cortarlo otra vez. Es una aventura inofensiva, el pelo crece. Sin embargo, están esos comentarios que me piden que por favor no lo haga. Que se me ve bonito así. Ahora que mi tía vino a visitar, entre las cosas que dijo, era que me veía bien, y que veía bien el largo de mi pelo.

En contraste, mi mamá pone cara de terror cuando ve que no me he afeitado las axilas. Me ha contado que mi abuela, con una mezcla de preocupación e indignación, le dice “¡Cristina no se afeita!”. ¿Acaso esperaban que mi pelo creciera rápido sólo de mi cabeza? No, por supuesto que no, pero sí que me lo quitara cada semana.


Me crecen pelos en las piernas, en las axilas, en la zona púbica, en los pezones, sobre mi barriga. Y no me crece tanto como a algunas otras personas.

La primera vez que me depilé completamente “abajo”, lo que llaman el “bikini completo”, tenía 14 años. Lo hice avergonzada, luego de que mi primer novio (sin contar al de cuando era pequeña), me dijera que lo debería hacer. Sentí que era mi responsabilidad.

A partir de ahí tuve varias aventuras con mi pelo. Normalmente lo depilaba con cera, pero a veces me afeitaba. Nunca logré afeitarme las axilas sin que quedaran fuera las puntas de sobra.

Por un período de tiempo, me hice “láser” en las axilas, pero no terminó bien el tratamiento porque me mudé. Depilarse es caro y doloroso.

Escuchaba las recomendaciones de distintas amigas. La que se hacía láser en la zona púbica. La que tenía la afeitadora en la ducha y se afeitaba cada vez que se bañaba. La que no se los quitaba sino que se los decoloraba. La que se los rebajaba con tijeras. También sus comentarios al respecto. De aquella niña que conocían que no se depilaba, que que asco.

¿Me debía depilar también, como hacían a mi alrededor, las cejas, el bigote y hasta los brazos?

Por un período de tiempo me saqué las cejas, pero cada vez que lo hacía lloraba. Por suerte me perdoné dejarlas cuando cambió la moda a cejas más llenas. La última vez que me las sacaron fue por la tarea de maquillaje de una niña que requería que la modelo (yo) tuviera cejas más arregladas.

A veces no alcanzaba el tiempo para agendar una cita para depilarse con cera, entonces había que afeitarse. El asunto es que para cualquiera de las dos cosas tiene que haber pelo. Si te afeitas con pelo muy corto no sirve, igual para depilarse es más difícil porque no agarra y tampoco sirve. Tiene que crecer el pelo por un tiempo. Pasaba algunas salidas en las que incómodamente mantenía mis movimientos limitados, con el pánico de que vieran mi pelo. Mis brazos pegados a mi torso. No importaba el sudor de las axilas, porque sería peor la vergüenza de ser vista.

Afeitarse es más rápido que depilarse con cera, porque no tienes que agendar cita y lo haces tu mismo. Pero como la depilación con cera es desde la raíz dura más, tarda más el pelo en crecer. Con ambos está la posibilidad de que crezcan pelos encajados.

Afeitarme las axilas me duele porque es una zona muy sensible. Luego de hacerlo no me puedo poner desodorante porque me arde. Además, luego de un par de usos, las afeitadoras desechables se vuelven menos eficientes, y me parece demasiada contaminación. Traté con una máquina que arranca pelo por pelo, pero la tortura es demasiada en las axilas, y solo la uso a veces en las piernas.

En México había temporadas largas de frío, y parecía ilógico tener que quitarse todo para satisfacer la necesidad de algunos extraños que ni lo verían. Dolía, era caro, y no valía la pena. Empecé a depilarme sólo para las vacaciones en la playa, aunque a veces ni para eso.

Tardé mucho en sentirme cómoda con mi pelo. Tardé en poder salir con amigos y levantar brazos que quizá tendrían pelo bajo las axilas. En poder usar un vestido sin depilarme la piernas. Aún hoy, me cuesta salir sin hacerlo. Y es ridículo.

Se siente bien estar depilada, pero también se siente bien no tener que hacerlo cada semana. Y hacerlo cuando uno quiere, no porque otros piensan que estaría bien. Debería poder tomar estas decisiones sobre mi cuerpo, sobre mi pelo. ¿Para qué torturarme así, cuando es algo que le crece a todos? ¿Por qué pretendemos que las mujeres no tienen pelo? Y en los anuncios de afeitadoras salen ya depiladas.

Más bien, que se depile quien quiera y quien necesite, que no tenga que ser porque “no es normal” que una mujer tenga pelos. Porque lo es, al menos en esta parte del mundo, y pretender que no hace daño. Tienes a niñas viendo sus cuerpos crecer cuando pasan por la pubertad, y pensando que sus cuerpos a los que les crece pelo son feos, y que no deberían ser. Y está jodido.