Somatización

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Somatización

Mis amigas y yo somos expertas somatizadoras. ¿Somatizantes? Somatizando. Probablemente no es algo que debería presumir, pero vale la pena explorarlo. ¿Hasta qué punto ciertos sentimientos y pensamientos no dichos afectan nuestro cuerpo? Una de mis amigas, una vez, terminó con collarín. Me decía que le era insportable acostarse, que le dolía el cuello y la espalda. No podía dormir. "¿Crees que estoy siendo muy exagerada?". Y es que, nos acostumbramos tanto a reprimir nuestros sentimientos, que se escapan a nuestro cuerpo, y ahí los seguimos reprimiendo. Yo somatizo con mareos. Los considero normales. Espero el momento apto para sentir, y este nunca llega. Lo pospongo permanentemente y se traduce en mi cuerpo. Una vez terminé con un novio. Mientras estaba con él, acudía una psicóloga que me explicó como a veces cargamos los problemas de la gente. Si bien los cargamos de manera mental, se traduce también en la postura, y se forman nudos en el cuello (como si uno cargara una gran mochila). Este novio con el que terminé, un tiempo después, me pidió que regresáramos y me convenció. Dije que sí, e inmediatamente se me revolvió el estómago, me empecé a marear, me dolió la cabeza y sentí un nudo en la garganta. Aunque mi mente sí estaba dispuesta a intentarlo de nuevo, mi cuerpo no se dejaba engañar. Fue tan clara su respuesta. No. No. No. Le dije entonces al final que no. Mi cuerpo no quiso. Estoy pensando ahora en Hips don't lie de Shakira, aunque no tenga nada que ver, pero es chistoso. Lo que no sé es en qué momento empezamos a tratar nuestros problemas como cosas sin importancia. Cuándo decidí posponer mis sentimientos, y por qué siento realmente que ninguno es importante. No estamos tomando enserio lo que sentimos. No nos estamos tomando enserio a nosotros mismos. Nuestros problemas parecen nimiedades cuando tenemos los medios para ver los problemas ajenos (que suelen ser peores). ¿Y por qué un problema tiene que invalidar al otro? Crecí en una cultura en la que es mal visto estar de mal humor. Si a la pregunta de todos los días "¿cómo estás?" respondes con algo que no sea "bien", a menudo resulta incómodo. La gente no quiere respuestas sinceras. Y yo, en algún momento, dejé de considerar mis inquietudes como relevantes. Al menos, sé que si bien soy una experta mintiendome a mi misma (muy eficientemente) y a todos, a mi cuerpo no logro mentirle.

Foto por Ezequiel Carías