So I became like winter

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So I became like winter

En un intento de probar formatos nuevos, buscando magia a través de contar historias que no son mías pero que al mismo tiempo muestran lo más intrínseco de mi ser, escribí el cuento siguiente.



So I became like winter

Hora 672
Clic. Clic. Clic. Clic.
Hay una luz. El sol acaricia la piel de mis piernas, escucho a las hojas de los árboles moverse de manera tan sutil que me dejo creer que susurran secretos. De repente, palabras dichas a la distancia me obligan a volver.
“¿Abril?” Logro distinguir que es Lucas quien me habla, el tono de preocupación en su voz las últimas semanas la ha vuelto inconfundible. Ahora más que nunca siento que mi cabeza está siempre flotando, cada vez está más y más alejada de mis pies, de la tierra, incluso me cuesta creer que formen parte de un mismo cuerpo.
“¿Estás?”
“¿Qué?”
“Preguntaba si estás lista, pues”.

Hora 1
Clic.
Lista. Nunca me sentí lista. La muerte de Irene fue de esas noticias que no dan tiempo para prepararte, sino que solamente se siente un golpe en el estómago, se mueve la tierra y no hay quien evite que te vayas de cara contra el piso. De inmediato vienen las preguntas, ¿por qué?, ¿cómo no me di cuenta?, ¿qué si hubiera hecho algo para detenerla?, ¿cómo alguien simplemente deja de existir?, ¿y ahora qué? Nadie te da respuestas.
Logro recordar a Irene sentada en el sillón de mi sala mientras me decía:
“Abril, ¿te he dicho que siempre quise ser como el invierno?, alguien fría e indiferente, pero que al mismo tiempo es libre y penetrante”.
De lo que nunca se dio cuenta fue que no tenía que convertirse en algo que siempre fue suyo, no hacía falta personificar lo gélido, sino que apropió a esta estación y la volvió parte de sí a tal grado que incluso ahora irradiaba calor.

Hora 336
Clic. Clic.
La gente siempre se va. Nos repiten todo el tiempo que no podemos esperar estar eternamente rodeados de las mismas personas, pero ahora me queda más claro que lo que en realidad se vuelve perpetuo es la manera en la que parten.
¿Por qué se siente como si el tiempo fuera capaz de destruirlo todo? En el fondo tengo la esperanza que tal vez me quedé atrapada en un sueño. Me da terror pensar en la primavera, la calidez que trae consigo no sería suficiente, implicaría dejar atrás ese invierno acogedor al que ya me había acostumbrado. En mí permanece el deseo de prolongar el presente por un temor a olvidar.
“Y ahora, ¿cómo te sientes?” Notaba que Lucas estaba preocupado, nunca en todos estos años de amistad lo había sentido tan cercano, a veces dudaba de si tenía dentro de sí una parte que fuera remotamente humana; ahora esa duda parece absurda.
“No sé, ¿no te parece que se llevó el calor con ella? Sé que todavía hay una luz, pero no es cálida. Siento que todo esto está pasándole a un cuerpo que no me pertenece.”
“Creo que volver a la normalidad va a tomar tiempo. Este tipo de cosas se sienten eternas”. Estábamos enfrentando un duelo aparentemente interminable.

Clic. Clic. Clic. Clic.
Veo el último mes con disgusto y gratitud. Disgusto porque fue monstruoso, hubieron momentos en donde no creía posible tolerar el brote de las flores. Gratitud porque sobrellevé lo incomprensible, resistí — hasta cierto punto — el colapso, de alguna manera el dolor se disipó hasta transformarse en un sopor. Creí que no soportaría la idea del regreso de la primavera, el invierno cálido comienza a desplazarse inevitablemente, pero nunca es sustituido.
¿Lista? Quizá. “Sí, vamos”.


La imagen utilizada pertenece a @SUPERNOONA_TM

Diana Valero Parra

Diana Valero Parra

INTJ. Mexicana. Diana.