Sentí demasiado

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Sentí demasiado

Me toca escribir los martes en Las Paltas. Ayer mi plan era escribir en la tarde, en casa de Diana, pero mis planes fueron interrumpidos por un ataque de mareo inesperado.

A veces me mareo. Antes de venir a México no me pasaba, me alegraba de tener la suerte de nunca sentirme así en los viajes. No me mareaba en el carro, ni en el avión o el barco. Luego llegué y las cosas cambiaron.

Primero me pega la altura. Luego la contaminación. Luego la ansiedad. Hoy me pegaron las emociones como nunca antes me habían pegado.

Me he estado sintiendo extraña estos días. Rara, triste. Estoy nerviosa por la universidad, aunque tal vez ni tenga sentido estarlo. Las noticias de Venezuela suenan en loop en la parte de atrás de mi cabeza. Me he sentido sensible, es algo que he podido notar, y quería culpar a mi período pero todavía falta para eso.

Hoy fui a la exposición de World Press Photo en el Museo Franz Mayer. Llevaba algunos días queriendo ir pero por distintas razones no había logrado concretar el plan.

Sé que esta es una exposición fuerte. Las fotos retratan temas que sucedieron a lo largo del año y muchas veces son de cosas violentas, o tristes. Hace dos años fui con Amanda y las dos estuvimos de acuerdo de que la exposición nos había cansado bastante. Nos terminamos sintiendo exhaustas físicamente. Me acuerdo que lo anoté en un cuadernito, en una serie que tenemos que se llama Lo complicado de lo simple o lo simple de lo complicado o algo así.

20/09/2015, en algún cuaderno

Fui hoy entonces al WPP 2017, esperando, claro, este cansancio derivado de las emociones. Llegué, vi la exposición, lloré. Quedé satisfecha porque quería ver la exposición y también quería desahogarme, entonces me pareció una salida exitosa.

Luego fui por café (se me antojaba mucho un Dulce Madera de Café Garat) con Guada y en el camino hablé con mi uber de distintas cosas. Pasé por mi casa a comer y de ahí fuimos a casa de Diana.

En casa de Diana me empecé a sentir mareada. No me preocupó mucho al inicio; como ya les dije, a veces me pasa y luego se pasa rápido. Estaba más sensible de lo usual y los ruidos repentinos me hacían saltar. A veces me pasa. Luego me di cuenta que este mareo no se iba. Sentía que si me recostaba, iba a caer y caer. Algo así como le pasaba al dud en Get Out (los que la vieron quizá entiendan).

Nos movimos de la cocina al cuarto de Diana y ahí es cuando la cosa se puso peor. Me sentía muy mal, cada respiración que tomaba se sentía como una intensa angustia. Tenía un hueco en mi abdomen que estaba tan vacío que se podía tragar al universo. Me pesaba respirar, mis huesos y mi piel eran difíciles de mover. Los sentí todos. Sentía demasiado. No sé cómo explicarlo, sentir tanto hasta que duele. Estaba inmóvil y según mis amigas, cada vez más pálida. Diana me preguntó qué me preocupaba. Pero no era preocupación. Era puro dolor. Dolor de emociones, no sé cómo explicarlo, me sentía desgarrada. Si alguien pudiera exprimir almas, tal vez eso es lo que estaba haciendo con la mía. Si me enfrentara con un dementor, tal vez así me mataría. Luego me puse a pensar cosas raras. Que tal vez me estaban matando en otra dimensión. Que tal vez alguien con quien tengo una conexión estaba sufriendo y por eso yo sufría también. Cualquier teoría que me ayudara. Mi búsqueda de síntomas en google no daba resultados. Mi corazón latía rápido y dolía respirar. No recuerdo un dolor tan fuerte en mi vida. Entiendo que la sensación de dolor se olvida rápido, pero hablo enserio. No recuerdo un dolor más fuerte que este. Si había tenido ataques de pánico antes, se habían resumido al sentimiento de adrenalina mezclado con algo de mareo y sudor frío. Esto fue otro nivel. Tenía la sensación de que alguien estaba ahogando a algo dentro de mi. O de que alguien se lo quería llevar pero le costaba arrancarlo. Sentía que me caía y me seguía cayendo. Trataba de hacer chistes para que mis amigas, que se veían evidentemente preocupadas, se relajaran un poco. Me molestó no poder pretender en ese instante estar bien, no poder despreocuparlas. Esto era incontrolable. Respirar. Respirar era como respirar sentimientos y raspar dolor, si es que eso tenga sentido. Mis ojos lloraban y sentía frío en mis pies. No soportaba que mis amigas se movieran de manera muy brusca, o pusieran sus manos sobre mi. Sentía la cabeza pesada. Sentía presión tras la cabeza, presión en mi cachete izquierdo, presión tras mis ojos. Estaba paralizada.

No recuerdo bien cómo salí de ahí. Me quedé atrapada un rato, dentro de mi propio cuerpo, preguntándome qué carajos estaba sintiendo y por qué dolía tanto.

Más tarde, logré sentarme, comer unas tostadas con aguacate y otras con mermelada que Diana me hizo amablemente, y tomar agua. Las tostadas me supieron excepcionalmente ricas, más ricas que cualquier tostada que me he comido. Las tostadas mágicas me lograron revivir un poco.

Pensé que mi receta usual de desahogarme llorando y enfrentando lo que temía, o me hacía sentir mal, me iba a funcionar hoy. Como esa sensación rica y relajada que sucede luego de llorar. Pero hoy fue diferente, y siento mucho miedo de que vuelva a pasar. No le deseo esto a nadie. También siento miedo de sentir miedo porque no sé qué causó esto y si fue causa de mis sentimientos el miedo no suena como una buena idea.

Ahora sigo medio mareada, pero estoy bien. Siento una sombra del gran hueco que hubo en mi abdomen. Logro razonar estas palabras, logro mantenerme sentada, escribir. Pero ya voy a dormir, todavía hay en mi vestigios de lo que sentí. Tengo suerte también de haber estado acompañada mientras me pasó, no sé qué hubiera hecho sola. No estoy sola.

Perdón martes, por no escribirte, pero estuve ocupada sintiendo.

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