Sabia y sabionda

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Sabia y sabionda

Nunca cambio el canal cuando aparece La sonrisa de la Mona Lisa. Siempre la están dando en la tele, un miércoles en la tarde o un domingo en la noche, y nunca puedo cambiar a Julia Roberts de blusas tejidas y faldas hasta los tobillos. Julia Roberts como maestra de historia del arte en un college de señoritas.

Puede ser que me haya visto en ella antes, pero es aun más tangible cuando pongo a andar la película en Netflix. Podrían hacer una sección llamada "Una de Julia Roberts para cada etapa de tu vida" y sería un éxito. Un atajo para todas las mentes divagando en películas. Ahora, para mí, correspondería aquella, con la gran diferencia de que su personaje es una mujer semi-soltera de treinta y tantos en los años 50, y yo soy una estudiante soltera de 21 años en el 2018.

Pero quizá me siento como ella. Veo mi reflejo en su imagen, y hasta me pongo pantalones altos y colores terrosos para imitar su estética. Quizá me veo como ella como se ven los jóvenes en La sociedad de los poetas muertos y descubren que pueden llorar y recitar poesía. Para mí es Katherine Watson, quien "made up with brains her lack of pedigree". Porque ahora, a los 21 años, estoy terroríficamente segura de dos cosas: quiero ser profesional y quiero ser mamá. Y ambos y ninguno de los dos tiene que ver con mi feminidad.

Entonces Katherine Watson se transforma en realidad: tiene 43 años, es historiadora, da clases en universidad, estudió aquí y fuera del país, tiene un aparato crítico que aspiro a alcanzar, y está casada y tiene un hijo. Todo junto.

Mi Katherine Watson en carne y hueso es mi profesora, y es tan ella, tan persona. Tan una y tan más; se le derrama cuando nos cuenta el amor que le profesa a su hijo y su dedicación a la docencia. No es ilusa ni ingenua, busca ver entre los hilos del tejido que la rodea y, sin embargo, cree. ¿De dónde obtiene esta fe que convive con su ojo crítico, de la misma manera que su intelectualidad convive con ser madre? Sabionda y sabia, esferas que se entretejen y superan nociones peleadas sin sentido.

Y me reafirma algo que ya sabía.

Pueden coexistir, así, con esa ternura. Y sin avergonzarme.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.