Requisitos indispensables para navegar por el mundo

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Requisitos indispensables para navegar por el mundo

¿Dejar esta isla? No sé. Me imagino que hay mucho por explorar si tomo un barco y me voy.

Pero tiene que ser el barco perfecto. Tiene que ser espacioso, y tener uno de esos cuartos de control que pueden saberlo todo. Con puntos fosforescentes sobre pantallas oscuras y curvadas hacia adentro por los lados, envueltas en muebles rectangulares que pretenden corregir su forma, pero que al fallar en el intento completan su estética perfecta.

Debe tener al menos unos diez cuartos, porque la soledad exige cantidades alucinantes de espacio. Cada cuarto, por supuesto, me imagino que debe tener algún propósito que justifique su existencia; uno puede ser, por ejemplo, el lugar donde duerma. Ése necesita una ventana por la que entre el sol de forma casi despiadada todas las mañanas, para que me obligue a escapar de él cada día.

Otro, debería ser un estudio para hacer música. Tripiés, micrófonos, consolas y esas paredes movibles que tienen un espejo en medio. Guitarras colgando en los muros y cables que parecen desordenados, pero que siguen caminos cuidadosamente establecidos y ajustados con cinta de colores en el piso.

Hace mucho que no toco la guitarra, pero asumo que lo anterior, describe los requisitos mínimos que necesito para poder partir.

También necesito un estudio en el cual pueda escribir tranquilamente. Aún no decido si debe tener aislamiento de sonido. ¿Será que las olas inspiren y uno escriba mejor con ellas de fondo? Hay aplicaciones de "sonidos para concentrarse" que dicen que sí, pero ¿Y si son traicioneras y me arrullan? ¿O qué tal que son preocupaciones con las que no pudiera cargar al escribir?

Sólo sé que necesita un escritorio enorme, siempre he querido uno y jamás he podido tenerlo, siempre me digo que será hasta el día en el que encuentre donde anclar, pero tendría que probarlo antes de elegir uno, y creo que este viaje es una excelente excusa.

Necesito un cuarto para respirar. Cualquiera podría pensar, que es excesivo, que es un lujo que un navío no puede darse. Vaya, que prácticamente nadie puede darse en ninguna situación de vivienda, pero para mi es de extrema importancia.

Respirar es una acción complicadísima cuando se hace a consciencia, hay veces que mientras se exhala, parece que los pulmones nunca podrán llenarse de nuevo, que el organismo ha olvidado por completo como inhalar, y que por inercia, sólo sigue exhalando. Llegado este punto, desaparecer pareciera ser el único final posible. Contraerse, llegar a la posición fetal y hacerse lo más pequeño
posible. Barbilla contra pecho y mirada perdida, en el último instante, algo, a lo que nunca he podido darle nombre, hacer click y comienza el proceso inverso.

Se llenan los pulmones y luego, de alguna extraña manera, el resto del cuerpo. De pronto uno no cabe en sí mismo y el oxígeno toma el espacio completo de la habitación (es por eso que se necesita un cuarto dedicado a esta actividad).

Justo cuando la única solución posible pareciera ser una explosión, el mecanismo extraño que antes decidió revertir la exhalación, decide que es momento de comenzarla de nuevo, y hace que el ciclo se repita.

Necesito un cuarto desde el cuál poder mirar las estrellas por la noche. Es natural pensar esta proposición como una locura. ¡Para eso está la cubierta! pero eso sería demasiado arriesgado. Cuando miras las estrellas desde una cubierta, corres el riesgo de perderte para siempre. No existen casos documentados (aún) sobre personas que, de un momento a otro, se elevan y se elevan tanto, que de pronto, cuando miran hacia abajo, no hay más que azul infinito y el barco en el que navegaban, desapareció por completo.

Nadie sabe si es por eso, que nunca se les vuelve a ver. Aunque si soy del todo honesto, yo creo que al ver un infinito aún más grande e inexplorado, cuando miran hacia arriba, la decisión es obvia y la pregunta hasta ofensiva.

También necesito un cuarto con un par de sillones y una mesa con un set de ajedrez listo para usarse. Un balón de fútbol del número 5, con unos guantes de portero a lado. Una trofeo barato, roto de la base, y un frasco de loción vacía en forma de bota. Me reservo, para otra ocasión (Que quizá nunca llegue) revelar su propósito.

Si tuviera todo eso (y un par de cosas más), supongo que podría irme tranquilo.