Reescribir

Cuando pienso en las cosas que he recolectado con mayor intensidad, la respuesta es memoria; creo que es extraño pensar que el acto de recolectar implique tener una relación corporal con las cosas. En mi caso, eso que he recolectado es impalpable.

Lo que quiero preservar es la vida de mi abuelo materno, detenido desaparecido en la dictadura de Pinochet en Chile, con su vivo recuerdo y conmemorar su vida constantemente como un acto poético y de amor máximo. No hallo otra acción frente a esto más que la de hacer memoria.

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Fue hace como 4 años ya, que comencé a tomarle importancia al acto de generar memoria. De las primeras cosas que hice fue visitar a la tía Yiyi y que me permitiera conocer el archivo fotográfico de la familia. Que consta de unas 500 fotos análogas aproximadamente, donde alrededor de 20 aparece la imagen de mi abuelo. Pese al escaso registro que hay sobre el esas veinte imágenes las he visto tantas veces replicadas una y otra vez en cada de una de las casas de mis 13 tías y 1 tío.

Mi madre siempre se refirió al tata Hernán como la persona que construyo su casa, aró su tierra y cuido de su familia. De la misma manera siempre todos los 11 de septiembre desde que tengo memoria ha existido un luto, en silencio, con angustia y lágrimas. Sin saber desde niño sobre que acarreaban aquellas emociones, que ha sido el legado del dolor colectivo de todas aquellas personas que fueron sus hijas. Como tantas otras familias a lo largo de todo Chile.

La constante fuerza para mantener estas imágenes vivas/no desaparecidas, esos recuerdos en el corazón. Se torna entonces en una postura política.

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Por esta razón pienso que muchos trabajos vinieron posteriormente cargados por este halo emotivo que circula desde el vientre de mi madre hacia mi propio cuerpo.

Viendo afectado el cuerpo es donde yo creo que da inicio a una búsqueda por querer recolectar estas reliquias, estos entes/objetos que necesitamos que no estén allí al aire libre, sino al contrario deben ser resguardas para ir conformando con el paso del tiempo una especie de espacio sagrado. Y este espacio sagrado es indudablemente íntimo.

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Cuando realicé la obra El Rito, sin darme cuenta, lo que estaba haciendo era un esfuerzo inhumano para que reencarnara de alguna manera mi abuelo. La obra consistió en dividir una sala de una galería en el centro cívico de Santiago de Chile, por medio de un muro de madera asemejando la producción artesanal de animitas en el espacio público. Dentro de este espacio se encontraban diversos dibujos, pinturas y esculturas haciendo alusión a la figura de mi abuelo y su historia particular.

Lo que quiero es que esa memoria quitada no decaiga nunca, que ése fuego ha sido trasmitido en la familia no cese.


Joaquín Hidalgo