Recolectoras modernas

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Recolectoras modernas

Más que la tristeza está la furia, el cansancio y el enojo se ha vuelto parte de nuestras vidas, una no puede pasarse recolectando noticias tristes sobre otro acto violento. Estamos hartas de este sistema lleno de impunidades, de que gritemos fuerte "ni una menos" y todos sean oídos sordos. Al parecer en este sistema nunca seremos suficientes las asesinadas y desaparecidas, las cifras son parte de una estadística, no son tan importantes como para investigar y castigar. El Estado es recolector de infamias.

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En las marchas y manifestaciones feministas puedes observar el cansancio de las mujeres, pero aún así no callan, son imparables, la furia puede más, ya no se quiere saber más sobre otra muerte, otra desaparición, otra violación, otro acoso. Todo el país se ha vuelto ajeno, de nuevo el no escuchar se vuelve un problema, si a nadie más le afecta este problema a nadie le importa. Somos recolectoras de historias, de anécdotas de acoso que nos marcan desde que teníamos tan solo 12 años, no hay ni una sola que no haya tenido una experiencia que te dejara el trauma de sentirte sucia y que tú lo habías provocado. La vida nos la ha puesto dura, nos ha hecho llorar por tanto, pero aún así hemos aprendido a disfrutar, a no dejar que el miedo nos defina, no hemos permitido que nos quiten las ganas de luchar y gritar el nombre de alguna compañera que nos fue arrebatada.

El Estado es recolector de infamias.

Al parecer la molestia se encuentra solo en una parte de la sociedad, muchos parecen ser ajenos a estos problemas de los que todos somos parte, ojalá en algún punto encontremos la empatía, dejemos de mirarnos ensimismados y volteemos a observar al de a lado. La lucha no es de unas cuantas, nos compete a todas, si tú no comienzas a cambiar nada avanza, nada crece, nada se mueve.

Admiro a cada chica que se coloca el pañuelo verde en la cara, portándolo con orgullo, defendiendo a las demás, peleando por ellas, porque si no nos volvemos recolectoras de esas anécdotas no tendríamos la fuerza de decir "basta", justo ahora nos estamos volviendo recolectoras de las historias que no queremos que se repitan, la sororidad es nuestra base sabiendo que juntas somos mejor, que ninguna es mi competencia y que el día de mañana si algo te pasa o me pasa, espero ser la última y que puedan gritar mi nombre tan fuerte que vayan erradicando esta violencia patriarcal.

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Nos estamos convirtiendo en las Trementinaires modernas, justo ahora no vemos el camino tan fijo, andamos deambulando intentando encontrar las soluciones a nuestros problemas sistemáticos, intentando cambiar la manera de ver la vida y de vernos nosotras mismas, para así crear ungüentos que curen nuestras heridas, poder compartirlos y sanarnos entre amigas.

No estás sola, no estamos solas.


Daniela Solís Rangel