Pseudo-epifanía

Hoy tuve una pseudo-epifanía. Digo “pseudo” porque no entra dentro de la definición estricta de epifanía; no sentí que entendí algo importante o descubrí una nueva visión que me iluminó. Para ser más específico: Empecé a creer en lo que sabía.

Para entender eso les tengo que explicar que no me he sentido bien los últimos meses. Me empecé a dar cuenta de que lo que sea que me motivaba se había ido. Me sentía cansado, hastiado, derrotado, frustrado, impotente. Sentía que de alguna manera no importaba cuanto me esforzaba, porque los resultados eran tan minúsculos que simplemente no valía la pena. En resúmen: me rendí ante la mediocridad y la desilusión.

Claro, en todo momento sabía que eso no era lo correcto. Sabía que todo probablemente podría mejorar si me esforzaba y trabajaba para poder ser la mejor versión de mi mismo que pueda (Ya estoy sonando como un libro de autoayuda). Sabía que necesitaba salir de ese hueco, que me convenía, y que era lo correcto. Sabía todo esto, pero en la profundidad de mis vísceras no lo creía.

Lo que sentí es distinto a una epifanía porque, de alguna manera, yo ya sabía absolutamente todo esto. Esto se sentía como activar un interruptor dentro de mi. Se sentía como una taza caliente de café, seguido de un vaso de agua helada; me despertó. Fue casi como pasar una pagina de un “pop-up book”, desdoblándose y desenredándose entre portada y portada, multiplicando el volumen interno del libro en complicados movimientos.

De alguna manera sentí nuevamente, que lo que sabía y lo que creía se unían, despertando las partes de mi que me hacen completamente la persona que soy. Esta unión no solo me lleva a sentirme lleno, sino que lo que llenó esos espacios vacíos soy yo. Siento que me llene de mí mismo, y ya estoy listo para ser yo.

Me di cuenta que para poder llegar a este estado, y para poder permanecer en él, se tiene que tener un balance. Se tiene que tener suficiente vulnerabilidad como para poder tener una constante reflexión, una introspección interna que reevalúa tus valores con cada nueva experiencia que pueda cambiarla. Se necesita también la seguridad y el aplomo en tu propio ser, la base de tu moralidad, la esencia de tu identidad, como para buscar nuevas experiencias y tomar decisiones difíciles con seguridad. A este estado no le he conseguido nombre.

Lo que mas se le parece es paz.

Marcelo Bertorelli

Foto: Untitled, 1984, Keith Haring

Marcelo Federico Bertorelli Reyna

Marcelo Federico Bertorelli Reyna

imagen de Matthieu Bourel