Por puta.

Desperté sin nombre una mañana a su lado. Con falta de rostro y víctima de un silencio demasiado frío. Daba los buenos días sin encontrar respuesta, caminaba por el cuarto sin ser encontrada por mirada alguna. Lo escuché decir: “tú no eres mujer ¿verdad? tú eres puta”. Y entonces lo entendí todo.

La máscara deshumanizante que hemos llevado por siglos las personas que no somos hombres, también me tocaba a mí. Nosotras vivimos hasta que un día damos cuenta de que estamos convertidas en cosas.

Sus manos golpearon mi vientre como los rabiosos golpean las paredes: a puño cerrado y fuerza mortal. Luego algo helado me atravesó la carne. Conté las veces: cuarenta y tres. Sentía la sierra del cuchillo abriéndome la piel. Grité auxilio durante las primeras cuatro heridas, luego entendí que las cosas no tienen voz… nadie las escucha.
Pero yo sí escuchaba: “por puta. Por puta. Por puta”. No estaba ahí por gusto, carajo, estaba ahí porque me agarraron demasiado chica mendigando esquinas. Estaba ahí porque me faltaron padres. Estaba ahí por amenazas de muerte que acabaron por cumplirse en manos de ese cabrón.

Mi muerte no llegó siquiera a sumarle nada a ninguna estadística. Salió en el bote de basura envuelto en sábanas y nunca fue reclamado. La policía no me buscó. Solo había perdido algo el que lucraba con mi cuerpo: unos cuantos pesos que seguro reemplazó con cualquier niña perdida en el metro.

Y es que nadie pone una tumba al buró que desecha. Nadie prende una vela al trapeador que ya no usa. Nadie recuerda a las prostitutas asesinadas en moteles. Porque para ojos del mundo son cosas… y nada más.

Imagen de VICHAILAO

Valeria Farrés

Valeria Farrés

Caracas-Ciudad de México.