por mi culpa, por mi gran culpa

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por mi culpa, por mi gran culpa

Tu problema con los asuntos amorosos es que siempre sientes que tu cuerpo le pertenece al último con el que estuviste. O por lo menos el resto te hace sentir eso. Con quién estuviste te define. Como si hubieran dejado tu piel marcada, llena de huellas. Llevas sus residuos en ti. Acarreas de aquí para allá tu lista de exes o ni siquiera exes, para que la gente te apunte con el dedo o simplemente comente por lo bajo. Y lo que una vez disfrutaste se transforma y moldea en la boca de los otros.

Pasaste meses odiando tu cuerpo en silencio, te hicieron odiarlo, te hicieron sentir asco por él, que tu piel te ardiera hasta el punto de querer arrancártela. Una vez te dijeron que no fueras puta, que eso era malo. A veces te gustaría ser puta, pero sabes que no puedes. Entonces cuando ves a alguien viviendo como a veces te gustaría vivir sueltas un “qué puta” para sentirte un poco mejor.

Jessica Valenti publicó en el año 2008 “The purity myth”, una investigación sobre el valor que se le daba a la pureza en las mujeres en la sociedad. Valenti postula que se le da un valor social positivo a la pureza y a la virginidad como un método de control. Al crear un estigma sobre las actitudes promiscuas, al castigarlas socialmente, se promueve que las mujeres se comporten de cierta manera. Esta dualidad y contraposición de la pureza y la promiscuidad, dos polos antagónicos, promueve la idea de que o eres buena o mala. Y dentro de aquello hay un factor aún mayor; la vergüenza. Se utiliza la vergüenza como método de control.

Desde niña te inculcaron una vergüenza al respecto de tu sexo, una vergüenza que te condicionaba y limitaba. Te dijeron que debías cubrirte el cuerpo apenas te desarrollaste, te dijeron que no mostraras demasiado interés en los hombres, que no hablaras de intimidades. Esta vergüenza te volvió vulnerable, te expuso. Crecer como mujer significa que tu desarrollo físico, emocional, sexual, nunca fueron exclusivamente tuyos, eran un bien común. Tu sexualidad no te pertenece como les pertenece a los hombres. Ellos son diferentes. Para ti corresponden los sentimientos nobles y genuinos, lo contrario sería vergonzoso, la calentura no se ve bien las mujeres, ¿verdad? Aparte a ellas ni siquiera les gusta ¿verdad? Pero tampoco puedes ser asexuada, eso también se vería raro.

De alguna manera, todo lo que haces es una invitación para que te condenen. Si es que te metes con muchos, si es que te metes con muy pocos. La sociedad siempre anda controlando y cuestionando. Cualquiera de tus acciones te puede crucificar.

Pero un día te darás cuenta que los problemas no estaban en ti. Crecerás, quizás te enamores, quizás no. empezarás a despojarte de todo los vestigios que quedaron en tu piel. Y sin darte cuenta, cambiarás el mundo.

Amanda Teillery Delattre

Amanda Teillery Delattre

Chile. 22 años. Autora del libro de cuentos "¿cuánto tiempo viven los perros? publicado por editorial planeta, sello emecé