Palmas en coro

Palmas en coro

Si pones las manos mirando hacia arriba, una vibra hace cosquillas en las palmas. ¿Qué ves? Luz, aire, vacío. En las producciones audiovisuales, hay algo llamado aire pesado: nieve, polvo, granizo, lluvia, algo que haga el viento o la brisa visible y que materialice la atmósfera. Un leve nevar funerario que haga el aire más denso, que revolotee entre las figuras que conforman la procesión, para que la tristeza pese.

Suena como aquella promesa de artista sufrido de que crea más cuando viene el bajón. Ahí, tirado sobre la cama, mirando el techo y sin afán de tocar el suelo, los pensamientos revolotean y uno cae por una espiral. Como el aire fúnebre.

Pero los románticos se tiraban en pastos verdes que parecían vivir por siempre, salvo cuando los ahogaba la nieve. Desconocían las estadísticas del movimiento de las corrientes y el ritmo del alza de temperaturas. Esa es herencia nuestra, el don del saber paramétrico y el deshielo de polos. La nieve que cae ya no es un síntoma reconfortante del invierno, sino un recordatorio del clima loco. El cielo que se abre después de semanas de frío no es una brisa con promesa de primavera, sino un ¿debería ser así? ¿Tan temprano?

Ya no somos románticos. Habrá que imaginar otra cosa, un poema sobre el pasto amarillo por la sequía, y volverlo un canto sobre cómo reverdeció, quizá. No épicas. No hay espacio para soliloquios, pero sí para diálogos y coros (ojalá más diálogo, más disensión, más concesión, más escucha). Si huimos al bosque, la selva o la montaña, solo veremos su decaer paulatino como un otoño continuo. Y si huimos de los datos, solo viviremos en la sabida ignorancia, la ceguera electa. Quizá no debería dar tanto sol en febrero, pero hay algo del tinte cálido que nos hace sentir esperanza. Un devenir. La primavera sigue siendo la primavera.

Habrá que imaginar algo más. Sin pastos vivaces, sí revividos. Algo que salga del vibrar de las palmas que dan al aire abierto, que pesa, que se deshace, que vuelve a hacerse y se materializa.

- Imagen: Grossinger’s Catskill Resort Hotel.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.