Ojalá empezar a decirnos que sí

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Ojalá empezar a decirnos que sí

Esta semana, motivada por mi hermana y mi cuñada, comencé a bordar. De hace tiempo me había llamado la atención como algunas ilustradoras que seguía en Instagram empezaban a publicar fotos de ilustraciones llevadas al bordado y lo encontré entretenidísimo y algo que me gustaría eventualmente experimentar. Siempre me ha gustado hacer cosas con mis manos: dibujo, pintura, escultura, carpintería; estoy todo el tiempo inquieta con ganas de hacer y creo que en parte por eso disfruto tanto estudiar arquitectura.
Así que finalmente me decidí y fui a comprar un bastidor, hilos, una aguja y reciclé una tela vieja de por ahí. Ya de entrada esto me estaba gustando porque, al ser un arte tan abandonado, es realmente muy barato y alguna que otra cordonería queda por ahí como para encontrar buena variedad. Una vez en la practica me di cuenta que es bien simple y fácil, y eso es lo que hace al bordado tan entretenido, a partir de ciertas acciones puedes hacer infinito para representar una idea dentro del circulo de madera. Además son horas de pensar en cosas sencillas, un rato para mi, perfecto para vacacionar.

Pero luego me puse a pensar, ¿por qué algo que casi todas las mujeres hacían casi por obligación de repente desapareció? Conversando con mi mamá nos comentó a mi y a mi hermana que en su tiempo era nerd bordar, algo que hacían las niñas más calladas y fomes, y ahora que nos veía lo encontraba muy entretenido. Yo me acuerdo de chica, en colegio de mujeres que habían varias actividades que nos enseñaban de manualidades que eran bien discutidas por su carácter machista. Dentro de eso entraba el Maths pour tous (matemáticas para todos), una nota a modo de bonus que nos ofrecían a fin de año en matemáticas para subir notas, con actividades que combinaban el bordado, la costura, y otros trabajos por el estilo con las matemáticas y la geometría. A mi me parecía en esos tiempos un insulto, porque de entrada asumían que por ser mujeres teníamos dificultades para las matemáticas, y en vez de mejorar la metodología, subían las notas por medio de algo en lo que si éramos buenas, las manualidades, cosas de mujer.
Pero el problema no era asumir la posibilidad de ser buenas o no en las manualidades, el problema era asumir que éramos incapaces de hacer algo “para hombres”.

Siempre tuvimos talleres optativos que radicaban desde pintura, teñido sobre tela y pastelería hasta danza y teatro. Nunca pensé en criticar la posibilidad de desarrollar betas artísticas en mi colegio, me parecía motivante y creativo, y creo que debo gran parte de mi motivación actual a crear cosas a esa formación, pero ¿por qué no había carpintería o mecánica? ¿por qué no reforzábamos esa beta artística en actividades más “complejas” para las mujeres?
El problema del machismo era el decirnos que no. El problema del machismo era limitarnos al cuadro femenino, no dejarnos salir de esa burbuja. El problema del feminismo fue responder a eso con rechazo tal que dejaron de enseñarnos a pegar botones y a bordar. El problema del feminismo fue seguir diciéndonos que no, en vez de empezar a decirnos que sí.

Puedo contar con los dedos de una mano cuantas mujeres de mi edad saben bordar, y sobre todo porque hoy se ha vuelto a poner de moda. Pero no conozco a ningún hombre que se atreva a intentarlo, otra vez, porque dijimos que no.
Encasillamos esas actividades en algo femenino que nos avergonzaba, lo volvimos más femenino aún al eliminarlo de nuestra formación, en vez de haberlo aplicado para la formación mixta.
Es un error negarnos a desarrollar destrezas por temor a ser pernas o machistas, es un error negarnos a hacer florecitas en bordado porque caigamos en la calidad de ladys. Es un error no sumarnos capacidades.

Ojalá hacer más actividades mixtas, ojalá más hombres aparezcan en talleres de bordado tanto como con la normalidad que encontramos a mujeres con overol en talleres de soldadura.

Sofía Montealegre B

Sofía Montealegre B

Estudio, respiro y hasta duermo arquitectura, no me da el tiempo para más.

Chile