Nos seguimos escogiendo

No ficción

Nos seguimos escogiendo

Una noche no podía dormir. Tenía la cabeza acelerada de preocupaciones, y el barullo mental se mantuvo pasada la medianoche. No me quedaban melatoninas y mi agüita de hierbas no había surtido efecto. Decidí bajar al cuarto de mi mamá con la pequeña ilusión de no despertarla, pero qué esperanza, cuando yo era chica se despertaba con solo mirarla.

"¿Todo bien?", se volteó en la cama con la usual urgencia somnolienta cuando aparezco a la mitad de la noche.

"No puedo dormir, vine por melatonina".

"Ahí en el baño hay".

Como las mamás siempre sienten y presienten, escuchó el enredo que traía detrás. "Me basta con mirarles los ojitos", me dijo el otro día, para saber que algo pasa y que yo rompa a llorar.

Esa vez no lloré. Solo estaba preocupada y confundida. Cuando me enrollo mucho siento una maraña sobre la cabeza, y ella siempre la ve.

Me senté en su cama, me dio rescue y se sentó a escuchar. Hay una pasividad inamovible en el rostro de mi mamá cuando escucha. Yo suelo hacer chistes para rebajar lo que estoy contando, y ella solo me mira, oyendo, atenta, mostrándome que tiene lugar con su silencio, pero sin añadirle gravedad. Y yo sigo hablando.

Le conté de un amigo que no sentía presente. Sentía, una y otra vez, que no le importaba porque más allá de no buscarme, tampoco respondía. Y sentía que mis palabras, cariño y pensamientos se resbalaban a un vacío en el tránsito y se deshacían en silencio.

"Mi amor, puede ser que no te necesite", dijo mi mamá, con su usual honestidad sabia. "Pero eso es bueno, porque siempre has generado gente que te necesita, y uno se desgasta", a lo que continuó explicando por qué sabía que le importaba y me quería, y que no necesitarse es valioso. "Él te escoge".

Fue un bonito momento de claridad. Revelador. Primero se siente terrible que te digan que no te necesitan, pero no había considerado hasta ese momento cuánto de mis relaciones muchas veces tenían que ver con eso, y que mi vivencia de amor tenía mucho que ver con el necesitarse, el rescate. Que, en sí, si alguien se va, el mundo no se acaba. Y así si se va uno mismo. Duele, pero sigues viviendo.

Pero te escogen. Y eso es aún mejor, más bonito. más sano. Te quieren ahí, te eligen una y otra vez, en un fluir continuo. Lo vi en las amistades que tengo en distintos lugares, donde el lazo se mantiene sin insistencia, sin palabras; solo nos escogemos.

Qué bonito es escogerse.

Espero que nos sigamos escogiendo.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.