No se te vaya a olvidar tomarla

No ficcióncrítica

No se te vaya a olvidar tomarla

Tomo pastillas anticonceptivas desde hace 5 años. Desde el principio tuve varios problemas de los cuales estaba advertida por lo que nunca les tomé mucha importancia. La verdad mis primeras pastillas fueron maravillosas porque eliminaron mi problema de las clásicas espinillas adolescentes para darme una elegante salida de la pubertad.

Después de dos años las cosas se empezaron a complicar. El problema de los desordenes de hormonas no radicaban sólo entre subir de peso, afectar la salud de la piel o generar desordenes en mi periodo, si no también estaba la mínima posibilidad de generar una ligera depresión como ese desorden de emociones que una tiene la semana antes de la regla, o durante para otras. Imagínense su día/semana sensible en cada día del mes. Sentía que cualquier cosa me hacía mal, y cualquier cosa que me pasara me daba una angustia enorme. Esto podía ser cualquier cosa, pero me empezó a afectar en todos lados, todas mis relaciones y sobre todo conmigo misma. Fue entonces que decidí probar con cambiar mis maravillosas pastillas a ver si ellas eran las culpables, aquí empezó el horror.

El primer doctor al que fui se rió de mi en mi cara. “Niña tonta, como va a ser culpa de tus pastillas. No será que tiene problemas con el pololito? Resuelva sus asuntos personales primero”, muchísimas gracias por nada señor diostor, tiene razón, no se nada sobre mi cuerpo, mi cabeza, ni mi relación. Me dirigí inmediatamente a otro doctor, este se rió también de mi, pero accedió a darme otras pastillas sin discutir mucho más con él. El resultado: De a poco tenía ganas de levantarme de la cama y hacer cosas y ya ni lloraba, yay. La cosa no termina acá. Las nuevas pastillas resultaban tener muy poco estrógeno, por lo que desde que llegó mi periodo decidió no irse nunca más. Tuve que aguantar todos los terrores de los problemas hormonales, además de estar desangrándome temiendo la anemia. Este simpático doctor que había decidido darme la posibilidad de cambiar de pastillas me había dado su numero para que lo llamara en cualquier caso y preocupada por supuesto lo llamé para saber si debía dejarlas o no, su respuesta fue corta y firme “Pida una hora”.

Así fui de doctor en doctor acudiendo para encontrar las que supondrían que me darían la libertad femenina de controlar mi cuerpo de un embarazo no deseado. Con la variedad de pastillas de nombres y colores distintos di con la que me conformaría y bien.

Todo esto lo tenía casi asumido como algo normal, como algo que todas debemos pasar. Son los precios que pagamos por nuestra libertad, no?
Resulta que de hace un tiempo leí un articulo que contaba que habían creado la pastilla anticonceptiva masculina la cual estaba en etapa de estudio sobre su correcto funcionamiento. QUE MARAVILLA! Con una pareja estable qué mejor que repartirse los gastos por un bien común, no? Resulta que el estudio se cancelo ya que los pobres hombres fueron sometidos a una tortura hormonal teniendo como resultados adversos: Acné, subidas de peso, dolores de cabeza y depresión… Oye espera, ¡yo he tenido todo eso!

Cuando apareció la pastilla anticonceptiva significó un gran progreso para el feminismo, ya que significaba nuestra independencia corporal. Ahora cuando sale la posibilidad de compartir esta responsabilidad, en una sociedad que pospone a más no poder la responsabilidad de una familia, vuelve a renacer el machismo. Siguen existiendo hombres capaces de chantarnos una guagua y partir con sus cosas, por lo que es imposible imaginarnos sin tomar pastillas si queremos tener una vida sexualmente activa, como también es imposible compartir la responsabilidad de la pastilla.

No pienso dejar de tomarlas, pese a que estas ultimas pastillas me han hecho bastante mal este ultimo tiempo, volveré a aventurarme entre los ginecólogos imbéciles y las alarmas de recordatorio. Pero espero que este tema se vuelva más común y conversemos entre nosotras algo que a todas nos afecta un poco y tomamos con naturalidad.

Sofía Montealegre B

Sofía Montealegre B

Estudio, respiro y hasta duermo arquitectura, no me da el tiempo para más.

Chile