No, gracias.

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No, gracias.

Tengo problemas por ser poco clara.

Por culpa de mi empatía justifico las acciones de los demás, me conformo y perdono a quienes me molestan antes de enfrentarme a ellos. Evito el conflicto. No me gusta incomodar a la gente. Pero, oh, sorpresa: si no le dices a alguien algo que te molesta, la acción se puede repetir (y muy probablemente se volverá a repetir) porque esa persona no lo sabrá. La gente no lee mentes (no siempre). Y creo que, aunque me cuesta hacerlo, es mejor ser clara en el momento, que apilar todas las molestias hasta luego explotar. Los problemas se acumulan y no por ignorarlos desaparecen. Pero es más fácil decir que hacer.

La mayoría de mis conflictos se reducen a problemas de comunicación.

Creo que es un reto tratar de ser asertiva en un lugar en el que eso se puede considerar grosero. La cultura mexicana es evasiva. Se prefiere la cordialidad a la sinceridad y eso muchas veces resulta problemático. Ser amable es más importante que ser claro. Así lo he llegado a percibir.

Una persona asertiva sabe lo que quiere. Cuando le preguntan si quiere ir al cine responde “sí” o “no”, no “no sé”. Estoy trabajando en ser más asertiva. A borrar el “no sé” de mi vocabulario cuando es para cosas básicas que sí puedo responder.

Lo que solía hacer era decir que sí y cuando no me hacían caso, conformarme. Por ejemplo, el otro día fui a una tienda y dije dos veces “no, gracias” cuando una señora me quería poner una crema de prueba. A continuación, me puso la crema de prueba. Me puse tensa y esperé a que terminara. Dije un “gracias” seco y enojado, y me fui. Esto pasó porque no fui lo suficientemente clara o asertiva, pero en el momento no me di cuenta. A mi parecer, mi “no gracias” doble era suficiente. Salí enojada de la tienda (muy), habiendo permitido que me pusieran la crema.

“¡Pero te quedaste en un punto medio!”— me dijo mi psicóloga cuando le conté la situación. Me explicó que tenía que elegir entre “sí” o “no”. Si aceptaba que me pusieran la crema, me tenía que quedar, ver las otras cremas, y tal vez comprar alguna. Respetar mi decisión. Si no, tenía que haberle dicho a la señora “le pedí que no me pusiera crema”, en vez de “gracias”. ¡¿Por qué le dije “gracias”?! Apuesto a que eso se relaciona con la razón por la que digo perdón cuando alguien tropieza conmigo.

Hay gente para la cual estas cosas resultan obvias, pero he vivido tanto en la no asertividad, que he llegado a perder mis formas “directas”. A pesar de eso sigo siendo “muy directa” para mucha gente.

Y es que en México el “no” no significa no, significa “insísteme, porque tal vez”. Un “no” asertivo es un “no” grosero.

Pero creo que vale la pena ser un poco “grosera” en estos casos. Si mis respuestas no se toman en serio, la posibilidad de que se aprovechen de mi es mayor. Tengo que parar de temer ofender o perder a las personas, por incomodarlas con mis decisiones. De cierto modo, es exigir respeto por esas decisiones, y por mi. Cuando los “no” se interpretan como “sí”, se abre el espacio para que se vulnere a otra persona. Y eso es una mierda.

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