Nadie tiene razón - Tiger King

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Nadie tiene razón - Tiger King

Extrañeza, confusión y gracia son sólo algunas de las emociones que puede generar la docuserie Tiger King de Netflix. Esta producción pone constantemente en duda cuál es la línea que separa a la ficción de la realidad. Se trata de un espectáculo bizarro en donde el público es testigo de un auténtico desfile de estereotipos tan exagerados y tan sacados de libro que cuesta creer que son ciertos. Digo, la ridiculez humana tiene un límite, ¿no? Bueno, para este documental no. La estupidez es un manantial peligroso e ilimitado de posibilidades.

Una idea bien montada

Por lo general, se suele decir que el montaje es la última escritura del guion. En mi opinión, esta afirmación es aún más cierta cuando se trata de una rama del cine tan impredecible como la del documental. Es cierto que uno siempre puede tener una idea aproximada del resultado deseado, pero hay ciertas variables que, para bien o para mal, no pueden anticiparse. En la edición, el material que en un inicio es una colección de piezas independientes, entra en contacto, dialoga y se resignifica.

El caso de Tiger King es aún más extremo. La postura de los realizadores se establece por completo en la postproducción. Si uno ve los testimonios de los actores sociales es evidente que ellos hablan con absoluta seriedad de los eventos acontecidos. Es más, muchos de ellos quedaron negativamente sorprendidos con la manera en la que fueron retratados. Las mismas entrevistas y el mismo material de archivo podría reciclarse para un documental que aclame a la ambientalista Caroline Baskin o mismo para uno de esos realities basura que ahora pasan por Animal Planet. En fin, ese es el poder del montaje.

Un buen ejercicio para estudiar los recursos formales que apoyan al discurso crítico es el desmembramiento de una secuencia en particular. En este caso un fragmento del último episodio que, a mi entender, interpela al espectador de diferentes maneras.

En principio, ya desde el primer plano se hace un pequeño chiste interno entre los realizadores y el público. Es obvio que el “Sonríe, estás siendo filmado” no se refiere a la cámara de seguridad sino que alude directamente a la del documentalista.

En los siguientes planos el testimonio de Doc Antle se contrapone completamente a las imágenes mostradas. Sin que nadie tenga que decirlo directamente, el mensaje final es claro: PETA tendría todas las razones para denunciarlo. Además, al ver esto, no hay forma de que los espectadores, sea cual sea su conclusión, dejen bien parado al entrevistado. El ordenamiento de los planos orienta mucho ideológicamente. Ahora, por ejemplo, pensemos las piezas de forma independiente. ¿Qué tenemos? Una entrevista que se queda corta de información por su estatismo en el presente y unos vídeos de Doc Antle con los tigres bebé. No tienen el mismo poder incriminatorio y podrían usarse en favor del sueño del zoológico.

La historia de un antihéroe

Aún así, todo lo anterior tampoco terminaría de explicar el rotundo éxito que tuvo la serie en Netflix. Lo cierto es que, además de establecer una escritura crítica de los sucesos, el montaje también lograr construir una trama con personajes atrapantes. Los documentales, aunque a veces se los adhiera a la idea de objetividad, en la mayoría de las ocasiones no pueden separarse de la estructura clásica de los relatos.

Por lo pronto, está clarísimo que en Tiger King Joe Exotic es el perfecto ejemplo de un antihéroe. Se lo construye como un protagonista que choca con los valores del público al cual parecen apuntar los directores. Al acompañarlo en sus peripecias, se conocen a sus aliados y a sus enemigos, los cuales son igual de estrafalarios e indefendibles moralmente. De esta forma, poco a poco, las personas que pertenecen al plano de lo real se trasladan al universo documental como personajes.

Sólo unos pocos casos son presentados bajo una luz un poco más redentora, entre ellos el de Saff, uno de los cuidadores en el zoológico de Joe.

A estos personajes los va a acompañar una trama que posee una gran tensión dramática desde el momento cero. Cada uno de los episodios trata un bloque temático diferente que, a su vez, responde o intenta responder a una serie de preguntas planteadas al inicio. ¿Por qué Joe Exotic está en la cárcel? ¿Quién es Caroline Baskin y por qué la amenazarían de muerte? Y, por lo pronto, ¿cómo carajos hay tantos tigres en Estados Unidos? Es una mentira decir que se llega a concluir algo en concreto pero ese tránsito de dudas lleva a reflexiones que sobreviven por fuera de la pantalla.

El realizador superpoderoso y el espectador cómplice

Me gustaría cerrar este artículo con dos menciones, una como realizadora audiovisual y otra como espectadora. Está claro que, en lo personal, creo que el valor de Tiger King como pieza audiovisual recae principalmente en su montaje. Es muy admirable cómo, a partir del material que ya tenían, pudieron explotar al máximo su potencial crítico y narrativo. Aún así, debo confesar que el producto final me hizo evaluar la asimetría de poder que existe entre el documentalista y el actor social. Si bien me identifico ideológicamente con los directores, es cierto que aprovecharon su poder para contar la historia como les parecía. Hablar de gente real también conlleva responsabilidades y consecuencias reales. No sólo se requiere de un gran talento, sino de una gran valentía.

Por otro lado, como espectadora recomendaría la serie porque es entretenida e inteligente. Debido a cómo está manejada la trama, uno tiene un poco más de información que el actor social y se siente cómplice de los realizadores en todas las escenas. Podría decirse que el desprecio que se percibe hacia los personajes mostrados es inversamente proporcional al aprecio que se siente por el espectador.

Guadalupe Lareo