Mudarme a CDMX fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida.

identidadNo ficciónmemoria

Mudarme a CDMX fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida.

Soy venezolana y puedo decir que siempre me gustó mi ciudad, Caracas. Me gustaba el árbol de mandarinas fuera de mi ventana, la mata de mango a la que me podía trepar en el jardín, ver el Ávila todos los días sin importar en qué parte de la ciudad estuviera; era todo lo que necesitaba. También tenía a mis amigos con los que iba al parque a hacer telas, disfrutaba de discusiones largas, veía películas e intercambiaba libros. La idea de irme me parecía hasta espantosa. ¿Qué había en Ciudad de México que no tenía en Caracas? Hasta le dije a mis padres, a manera de “amenaza” (que en verdad no pensaba cumplir), que si nos mudábamos me iba a rapar (ja), perforar y hacerme tatuajes.

Mudarnos fue decisión de mi madre. Mi papá ya estaba allá y ella lo extrañaba mucho. Cualquiera que conozca las relaciones a distancia puede entenderlo, son muy difíciles. Cuando preguntan por qué nos mudamos, muchas veces mi mamá dice que fue por amor.

Cuando llegué me impresionó poder caminar de un lado a otro como alguien de mi edad debería poder hacerlo (tenía 14) y fui feliz, perdiéndome en la calle. Me llamaban güera y los vendedores callejeros no entendían por qué les decía que no tenía plata.

Una vez, con mi papá me encontré a unos venezolanos en un restaurante y empezamos a hablar. Me dijeron: “mudarte a México es lo mejor que te pudo haber pasado en la vida”. No les creí. Viéndolo en retrospectiva, me di cuenta de que tenían razón.

Cuando me mudé, leí en alguna parte que una vez que te mudas, eres extranjero para siempre. Porque desde un lugar extrañas al otro, y cuando regresas encuentras que extrañas de donde viniste. ¿Significa eso que no perteneces a ningún lugar?

Me sentí algo triste por mudarme, me pareció que existía una pérdida de identidad gracias a hacerlo. Luego de estar unos años en México, y meditarlo durante ese período de tiempo, tuve una conversación con un amigo al respecto. Concluí que no es que no soy de ninguna parte, sino que soy de muchos lugares. Mi identidad se forma por pedazos de varias cosas y una de ellas es la mezcla de México y Venezuela que tengo en mi.

Si bien tenía miedo, no estaba sola: me di cuenta de que mis padres se sentían algo raros también con la idea. Es que muchos te plantean que si te mudas a un lugar, estás abandonando el otro. Los venezolanos hacemos muchas veces chistes de temas serios, entonces no fue sorpresa cuando mis amigos me llegaron a decir “vende patria”. Aunque lo dijeran a manera de chiste, hizo que en el fondo me sintiera algo culpable. Mi padre encontró paz cuando lo pensó así: México son mis amigos y Venezuela es mi familia. Luego adoptó la nacionalidad mexicana y decía a manera de chiste que era el mexicano más joven de la habitación.

El patriotismo es tu convicción de que este país es superior a todos los otros porque tú naciste en él.” -George Bernard

Mi papá fue el primero en mudarse. Cuenta que una vez pidiendo pizza, quiso sonar mexicano para que no lo fastidiasen por el teléfono y cuando estaba deletreando el nombre de la calle al dar la dirección, dijo “es con T de Jitomate” (en México se dice jitomate y en Venezuela tomate). Ya ahora es un experto, y hasta confunden su acento mexicanizado con norteño.

Al principio me impresionaba como amigos extranjeros usaban el argot mexicano con tanta libertad, ver a un chico español en mi salón diciendo “no mames”, o al argentino preguntando “¿neta?”. Me traumaba la idea de perder mi acento, mi venezolanidad. Un día, estaba conversando con la otra venezolana que tenía en el salón, y le señalé cuando dijo una palabra mexicana. Me respondió, y parafraseo, “¿Sabes qué? No me importa. Estamos en México, estoy harta de tener que vigilar mi vocabulario. Da igual”. Tenía toda la razón. Se los pongo así: si mi acento venezolano no estuviese mexicanizado la gente no me entendería nada. Soy una venezolana en México que sí pronuncia la letra s, dice neta, chinga, no mames. A veces de broma digo que hablo 3 idiomas, inglés, español venezolano, y español mexicano.

Uno de los grandes beneficios de ser inmigrante es que puedes comenzar de nuevo en términos de tu identidad. Tienes la oportunidad de liberarte de las narrativas que se aferran a ti.” -Joseph O’Neill

Nunca me esperé que la gente en el colegio que entré me recibiera como lo hizo. Me sentí automáticamente bienvenida, no tardé en hacer amigos y todos me parecieron muy amables. Tuve mucha suerte. Llegar a México me ayudó a conocerme y decidir con más tranquilidad quién era (igual aún sigo decidiendo). Sentí la suficiente libertad para lograr expresarme de una manera en la que nunca antes había tenido oportunidad de hacerlo.

Venir a México me permitió comenzar de nuevo y me ayudó a forjar mi identidad. Sí, soy venezolana y amo a mi país y cultura. Soy “sudaca” términos que algunos usan con desprecio, pero sobrenombre que mis amigas de suramérica y yo adoptamos para llamarnos cariñosamente (te hablo Mandi, mi sudaca hermosa). Pero también me siento parte de México. Chilanga. Ciudad de México es así, te hace sentir bienvenido, es tan grande que caben todos.

Mudarte te proporciona un cambio de perspectiva importante, parecido al de viajar. Te sales de la burbuja en la que no sabías que estabas, y empiezas a conocer más mundo. Te abre los ojos. Me da una nueva forma de pensar, y me hace una persona más abierta a conocer, e incluso más valiente. Veo el miedo que tenía de salir, el resultado de todo, y eso me incentiva a salirme más. A empujar los límites. Es un recordatorio de que es importante irse constantemente de la zona de confort.

La gente te dice a veces “nunca cambies”. ¡Ja! No jodas/manches. Debería ser al revés. Cambia. Cambia, porque se puede cambiar para mejor. Y nunca pares de cambiar, porque si no cambias ¿qué estás haciendo con tu vida?

Ahora tengo la cultura de Venezuela y de México. Mi mundo se ha ampliado y soy una persona más abierta. He tenido la oportunidad de conocer a personas increíbles, y me encanta que mi grupo de amigas tenga gente de varios lugares. La mezcla de culturas puede hacer las cosas más divertidas e interesantes.

Y sí, extraño a mis amigos de Venezuela, extraño Caracas. Es increíble saber que aunque haya distancia, nos seguimos hablando, buscando. Hace que cuando los vea sea más intenso todo, los abrace con más fuerza, los extrañe con más ganas. Tal vez mudarme me ha enseñado el poder del amor: a pesar de la distancia, sigue ahí, y parece a veces volverse más fuerte. Amo a mi familia, a mis amigos. También estoy agradecida de poder usar internet para hablarle a la gente de lejos y estoy feliz de que mis amistades pueden continuar y crecer.

Y como dijo Chavela Vargas:

Los mexicanos nacemos donde nos de la rechingada gana”.