Mía, Tuya, Nuestra historia

Colaboraciones

Mía, Tuya, Nuestra historia

Para quien somos historia

Hay historias que siento más lejanas que otras, más tuyas que mías, más nuestras; a veces sólo muy ajenas, como si pertenecieran a otra(s) boca(s), a otra(s) piel(es). A veces esas historias parece que no me pertenecen. Que son historias de alguien que fue parte de mí (Yo-Tú) pero que ahora no está, y si está, ya no me responde más.

Pero ¿qué significa que una historia me pertenezca?

¿Me pertenece por haberla narrado? No lo creo, [siempre] hay una tercera persona del plural que cosecha sobre los sembradíos de mi memoria y que me hace tachar lo que no me he cansado de escribir(nos).

¿Me pertenece porque es sobre mí de quien trata? No lo creo, [nunca] soy sólo yo, también están mis circunstancias susurrando al oído, tratando de dejar sus huellas a través de mí. También están tus circunstancias, dibujando sobre las mías. Y las mías dibujando sobre las tuyas.

¿Me pertenece por estar colmada de una sucesión de mis entregas y devociones incesantes? No lo creo, [tal vez] la entrega era tuya y la devoción muy mía. Ambas eran máscaras que ocultaban mí egoísmo, pero también el tuyo, en el que cada uno trazó un camino hacia su sola dirección.

¿Me pertenece porque en ella se albergan los que fueran mis sueños? No lo creo, [a menudo] tus lágrimas, menos frecuentes que las mías, herían el ímpetu de tus sueños. Mientras los míos escapaban por mi boca, mis ojos, mis manos y mi pecho, los tuyos se sentaron en el sillón y se perdieron tras el televisor, tras las líneas imparables de los libros, tras los gritos de aquellos que te apagaban la voz.

¿Cómo saber que somos historia? Ante ti, no pude ser luz ni tumba, sólo una ficción. Y la ficción preferida es la que no se vuelve realidad, la que sólo habita a medio párpado de distancia de aquello que quisimos ser en la infancia más lejana. Y como toda buena ficción, pasé a la historia. A la historia que no se cuenta pero que se siente y se piensa en silencio.

Siempre, nunca, tal vez, a menudo una se salva. Yo me salvé. Tú te salvaste. Pero no pudimos salvar(nos), porque decidiste construirme ficticia y austera, y yo decidí recostarme entre un centenar de frases inconclusas y palabras sin sentido. Sólo mi tiempo pasado recuerda; mi presente y mi futuro ya no vuelven la mirada, porque han perdido la misericordia y la compasión a tu sonrisa.

Entonces, ¿a quién pertenece esta historia? Ahora, entiendo mejor que ayer. Esta historia no es sólo mía porque, si me olvidas, nunca fui ni seré. Y si yo te olvido, entonces nunca fuiste ni volverás a ser. Por eso, más que olvidar(nos), prefiero llorar en silencio o reír muy fuerte. A veces sólo miro un punto fijo en alguna pared, esperando que por mis ojos salga tu recuerdo. Pero olvidarte sería olvidarme a mí también. Porque alguna vez mi historia fue tuya, y tu historia fue mía… Alguna vez la historia fue nuestra.


Autora: Astrid Dzul Hori

Imagen: Alain Fleischer - Dans le cadre du miroir, 1984