Más cuerpo que nunca

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Más cuerpo que nunca

He tratado ya muchas veces de nombrarlo, pero algo siempre me lo impide. Desde niña, me he sentido muy etérea; parte aquí, parte allá. Como si no estuviera realmente en ningún lugar y a su vez, encontrara un sinfín de rincones escondidos en los demás. Y aún lo hago. Siento que las personas encajan en distintos sitios que palpitan dentro de mí, como un telar, latidos que se entretejen. Somos costuras. Me he percatado que mi cuerpo no me pertenece del todo; siempre quedan trazos de un tacto ajeno en mis muslos, en mis mejillas, en este cuello inscrito en su blancura. Es así como una mano crece en mi mano, y unos ojos se despiertan en mi llanto. Y es así como ahí, abajo, donde se desintegran las pisadas en arena descalza y polvo, se impregna su paso. Una sombra, una luz que queda en mi boca, el respiro último de un extraño descendiendo sobre mi espalda. Alas.

Últimamente me he sentido más cuerpo que nunca. He sentido ráfagas en mi piel, la noche estrepitosa alumbrando mi verbo incompleto. He sentido un continuo golpeteo en mi pecho, se derrama en su ligereza. Es como si unos dedos se precipitaran tan suavemente por la caída del piano, es un sonido peculiar. Mis costillas son como teclas y resuenan tan fuerte que puedo sentir el cómo los demás escuchan su murmullo. Me siento cuerpo porque ahora puedo mirarlo en un espejo, me escuchan. Puedo mirarlo y no sentirme atada. Porque me toco y me permito sentir ese susurro que acogen mis dedos entre su roce delicado. Porque me toco y se desenreda el cielo en mi piel entumecida. Abren paso sobre mi pestañeo, sueño. Me hago textura de viento, me hago dulzura que responde al verso de mis manos, componen una melodía en mi brazo, en mi vientre, porque me toco a ojos cerrados y encuentro en mí el poema de alguien más extendiendo su goce entre mis cicatrices adormecidas. Me siento cuerpo porque respiro la sutura amarga, porque algo en mí duele, pero también resuena tan lindo, me siento florecer.

Me he sentido corpórea no sólo porque me miro y lo sé, sino porque también soy incapaz de mirar.

Hoy, mientras platicaba con Kali, me hizo notar que mis hombros estaban completamente descubiertos y se me hizo algo muy bello. No me había percatado de eso. Y es así como los reconocí, con su mirada, con aquellas palabras. Es así como los vuelvo a mirar, regreso, ya no atada, sino iluminada. Regreso a mi cuerpo, ya no amarrada a mi silencio, ya no despreciando su memoria, sino mirándome una vez más con la esperanza de ser mi desnudez.

Gif por Phoebe Carmody

Alejandra Ríos

Alejandra Ríos

Colecciono sonidos.