Lugares injustos

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Lugares injustos

El olvido no se logra con metros y aunque no sepa a dónde vas sé que te quedas. O al menos eso dices tú: que dejas esta tierra pero no a mí. Como si quisieras habitarme para siempre. Y yo no sé si es justo hacerme respetar tu hueco en la cama diciéndome que me quieres a pesar de la imposibilidad.
Porque sé que no estarás quiero aprender a ser hogar. A recibirte cuando decidas regresar sin pedir que dejes en la puerta tus heridas. Promesas como la nuestra, que suponen un para siempre, tienen que pasarle por encima a las diferencias que la historia genere.
Ya no serás tú, ya no seré yo, ya no seremos nosotros. Pero los juramentos quieren ser más grandes que sus creadores y entonces construyen lugares injustos a donde uno va a cumplir. Es ahí donde nos vamos a encontrar: en el poder de las palabras que un día elegimos pronunciar. O en el querer que las llevó a las puntas de nuestras lenguas.
Necesito pensar que seremos más que nuestro hacer: que seremos pasado también. Necesito pensar que el día que decidamos honrar la promesa, vamos a ser capaces. Porque no pensarlo podría implicar una muerte prematura que me impediría cumplir.
El problema de no ver tu cuerpo entre mis esquinas es que seguiré frecuentando el bar donde tuviste la osadía de aparecer. Pasaré todos los días por las calles en las que bailamos. Y sabré siempre dónde quedaba tu casa.
Estos espacios se encargarán de mantener tu recuerdo tan vigente que tal vez cuando vuelvas y no te parezcas a él, no podré reconocerte. Y podrás decir tú de mí que estos espacios se encargarán de romperme tanto que no serás capaz de reconocer mis pedazos.
Pero ahí donde mandamos a vivir al juramento, seremos siempre lo mismo: dos personas imprudentes que prometen sólo para tener que cumplir. Dos tercos que construyen estados sin justicia para verse otra vez, aunque desaten la guerra.
Controlamos las palabras dentro de la boca, pero cuando las dejamos salir son ellas quienes nos controlan. Las decimos porque un día ya no nos vamos a querer. Y entonces será necesario que algo más fuerte que tú y que yo, nos obligue al abrazo.
Insisto: los juramentos son lugares injustos. Insistes: el amor y la justicia no se llevan bien. Valeria Farrés

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