Lluvia en tu cuarto

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Lluvia en tu cuarto

Estabas acostado, hablabas viendo hacia el techo y el movimiento de tus labios me llevó directo hacia una playa dorada, cálida, un poco húmeda por las goteras que bajaban de tu cuerpo, todo fue muy lento, nos comenzamos a inundar.

-¿Tienes frío?

Y fue ahí…

Fue ahí donde te conté de mi otra vida, de mis miedos al frío, de lo lento que pasa el tiempo en momentos de crisis y de lo atemporal que se siente cuando estoy contigo. Me contaste del Mar, de las rocas, de la arena pálida, de esos sonidos que te salvan y te hunden todo al mismo tiempo y, de la espuma, esa espuma tan blanca que fue por un momento donde creíste que te perderías en ella; me contaste de lo mucho que te gusta recorrer los corales sin rumbo (porque ahí es donde encuentras) y de lo que es el universo para ti.

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Y así sin tener que cerrar las ojos te deslizaste poco a poco por mi piel.

Me pasa que cuando pienso en ti, es como si te pensara en mi tiempo, porque se que fue ahí. Fue en mi tiempo donde te conocí desde antes de saber que los melocotones tenían un nombre tan peculiar, te conocí antes de saber que la playa olía a ti y la madera húmeda tenía tu sabor (ese que se queda en la punta de la lengua del lado izquierdo), te conocí antes de que las lluvias inundaran cada rincón de mi cuerpo, antes de conocer los distintos hogares infinitos.

Se caen las estrellas, la noche se escurre por esa habitación donde estamos acostados y no pienso en nada, pero en todo.
Ese espacio, ahí contigo, es de mis lugares favoritos para estar.

Y solo estamos, tú y yo.