La vulnerabilidad de bloguear

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La vulnerabilidad de bloguear

Lo que nos ha estado pesando y por lo que hemos estado faltando: lo inesperado de bloguear.

Hemos estado fallando. Posteamos poco, y descuidamos nuestro blog. No significa que no nos mantenga despiertas en la noche (vale decir que esto lo escribo a las 2 de la mañana), ni que no nos carcome por dentro. Lo hace. Bastante. Demasiado.

Esto comenzó como un proyecto divertido, un pasatiempo. No ha dejado de serlo, pero no nos imaginábamos la manera en que nos iba a exponer. Bloguear significa abrirte de una manera en que no lo haces ni con las personas que conoces de hace un par de meses. Para bloguear, tienes que compartir lo que piensas. Y hay tanto de eso que es extremadamente personal.

De los primeros posts que pusimos, estuvo Cómo me deshice de la angustia de elegir una carrera, una reflexión completamente pertinente a mí misma sobre mi camino a una carrera profesional, y quedé asombrada con lo mucho que fue compartido. Otro fue El estigma de la salud mental, una mirada tremendamente íntima con mi propia batalla con la el bienestar mental. Difícil. Especialmente el último. Pero son los que más resuenan, porque son cercanos. Son puntos comunes, sitios de encuentro.

No hemos posteado mucho estos meses por eso mismo: nos gusta hacer contenido que tienen un peso emocional. Nos gusta comunicar cosas. No queremos bloguear sobre lo que sea, necesitamos estar conectadas con ello. Y eso significa vulnerabilidad. Y les voy a confesar algo, amigos: tengo problemas con la vulnerabilidad.

bloguear

Ilustración de Amanda González.

Hablar de esto es un primer paso hacia un montón de pensamientos profundamente enterrados en mi mente que no he desarrollado por el miedo a estar expuesta, pero que mueren por tocar superficie. Es vocalizar un problema íntimo, de hecho, y es una manera de generar un lazo. Ahora que lo saben será más fácil escribir sobre otras cosas (lo que no significa que deje de ser difícil). Ahora puedo abrirles una puertita más, y no tienen ni idea de cuántas ganas tengo de hacerlo. Tengo tantas cosas que decir y compartir, y me encantaría poder generar una conversación. Después de todo, este es el medio sobre el cual estoy plasmando una de las cosas que más amo hacer y que ha sido una constante en mi vida: escribir. Mi otra pasión son las personas. Esos son ustedes.

No queremos bloguear sobre lo que sea, necesitamos estar conectadas con ello. Y eso significa vulnerabilidad.

Así que con este post les encargo un pedacito de mi alma. Espero poder escuchar de vuelta de ustedes: tengo las orejas cual perro escucha caer una pelota. Quiero saber, quiero conocer. Y, más que nada, tengo los brazos abiertos.

Por el miedo, y por enfrentarlo.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.