La soledad de Facebook

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La soledad de Facebook

Luego de estar un rato viendo las historias de Instagram de mis amigos o sus actualizaciones en Facebook, siempre me empiezo a sentir un poco sola. Esa soledad que va aumentando a medida que pasa el rato, esa soledad angustiante y cruel cuando sientes que la vida pasa frente a ti en una pantalla y tú no puedes tocarla. Esa misma soledad de cuando vas al baño en la fiesta y te miras en el espejo y estás un poco mareada y escuchas la música y las risas de afuera y te preguntas por qué no puedes pasarlo bien si todos lo están pasando bien. Esa misma soledad de hablarle a alguien sin que te escuchen y tú tampoco poder escucharlo.
Me pregunto si el resto a veces también se siente un poco solo. Aparentemente no, porque los veo todo el día sonriendo y saliendo con amigos y demostrándome lo perfecta que sus vidas son. Pero yo también hago lo mismo, y no estoy feliz todo el día.
Ya he hablado mucho aquí sobre la comunicación en las redes sociales, o mejor dicho, la falta de comunicación, sobre cómo todos queremos mantener esta imagen perfecta de nosotros, de cómo recelamos de ésta. Todo lo que compartimos tiene cierta finalidad; causar cierta impresión en el resto, reafirmar nuestro yo ficticio. Entonces nos guardamos muchas cosas, todas esas cosas que no van acorde a la versión idealizada de nosotros mismos. No hablamos de lo que nos duele, no hablamos de lo que nos preocupa, no hablamos de los miedos que no nos dejan dormir por las noches. Nos damos muchas vueltas para evitar hablar de verdad. Y cuando lo hacemos, estamos demasiado conscientes de nuestra exposición, de que estamos siendo observados, por lo que finalmente terminamos filtrándonos.
Tal vez, al no hablar de esa soledad, más solos nos sentimos. Dejamos que esa sensación nos consuma en silencio.
El mayor problema que he tenido en mi vida ha sido no hablar. No hablar cuando quiero, cuando tengo algo que decir. Quedarme callada cuando mil palabras quieren salir. Y creo que le pasa a mucha gente. Siempre siento que hay una gran barrera que no permite que nos comuniquemos de verdad, que nos digamos lo que queremos. Siempre están los miedos, las costumbres, el orgullo de por medio, ahora fomentados por las redes sociales.
Nunca nadie dice lo que quiere y yo tampoco lo hago. Y lo que quiero, lo que realmente quiero, más que algo que me vislumbre, más que algo sublime, más que algo que me cambie la vida, es honestidad. Quiero que la gente diga las cosas tal cual son, sin rodeos, que elimine esa distancia que hemos construido. Quiero que alguien me pida el número de teléfono, pero advirtiéndome que no anda detrás de nada serio, que no anda buscando al amor de su vida, pero que me podría llamar de vez en cuando, a veces tarde por las noches de fin de semana, cuando no le haya resultado nada con nadie más y no haya encontrado nada mejor que llamarme. Y yo le diría que bien, que está bien, y nos comprometeremos a no crear falsas expectativas, a no esperar demasiado, no exigir más de lo que uno puede dar. Me parece un muy buen trato, no romperemos ningún corazón y nadie romperá el nuestro. Eso es lo que quiero. Y que hablemos, lo que más quiero es que hablemos.

Amanda Teillery Delattre

Amanda Teillery Delattre

Chile. 22 años. Autora del libro de cuentos "¿cuánto tiempo viven los perros? publicado por editorial planeta, sello emecé