La memoria es una construcción elegida

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La memoria es una construcción elegida

Íbamos por la carretera en Snaefellsnes y las montañas alrededor pasaban tan rápido que no alcanzaba a dibujarlas. El paisaje encima, aunque imponente, era tan cercano que se las llevaba en nuestro avance. Pero entonces pensé que, ni siquiera quieta, podría encerrar cómo se veían. Dibujando así, agarrando los trazos que alcanzaba a ver y recordar, resultó ser más fiel al recuerdo que una fotografía. En las líneas quedó la sensación de estar ahí, la selección de formas, la altura. Como al escribirlo en un texto, recapitulo y reconstruyo.

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La memoria es una construcción elegida, una reproducción selectiva, una montaña que se yergue en la mente y que se vuelve a inventar. Se erosiona, se nubla, crece y se deshace.

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Tal es todo el recuerdo: imágenes de paso, colores desvanecidos, amarillos que sospecho que no eran tan amarillos pero por una vez la realidad superó al invento. Un día miré el pasto seco y me pareció increíblemente saturado, y en la noche, mi recuerdo sospechaba de sí mismo, ahogado por el sueño. Pero al día siguiente me encontré de frente con un amarillo tan profundo como había quedado plasmado en mi mente, terroso, que se estiraba como pintura y solamente se detenía al borde del azul igualmente hondo del agua.

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¿Cómo sería creer en las cosas buenas? ¿Por qué desconfiar del recordar? La memoria se levanta como montaña, peinada y erosionada por el paso del viento. Su color nos genera sospecha, pero yo no he visto una deshacerse en un momento. Solamente quedó atrás en la carretera. Pero yo conservo su piedra negra y el amarillo de su falda en mi recuerdo.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.