la juventud nunca fue mi divino tesoro

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la juventud nunca fue mi divino tesoro

La sensación que más ha predominado en mi adolescencia y juventud, ha sido el aburrimiento. No lo digo con amargura, es de hecho una observación objetiva. Mi adolescencia se me hizo como una eterna espera por algo emocionante que ocurriera. Horas y horas en un estado de permanente estado de expectación, esperando vivir la llamada “juventud” que los medios de comunicación te pintan, euforia, diversión, los mejores días de tu vida. Pero no siempre la vida es como un capítulo de la serie Skins. Para mí no fue así por lo menos.

Crecí en un ambiente en donde lo más importante era la fama que tenías en el colegio y la que tenías con los niños de los otros colegios privados. Perdías energía y tiempo en actividades que no llevaban a ninguna parte. Crecí en un ambiente donde la individualidad no era algo muy positivo, donde debías entrar dentro de un molde. Los profesores te convencían que lo más importante era la prueba para entrar a la universidad y repetir la misma vida que todos a tu alrededor tenían. Crecí un ambiente donde no había mucha cabida para la belleza, las emociones o el arte. Se suponía que debíamos todos vivir la misma vida plana sin alarmas ni sorpresas (Radiohead xd). Las grandes emociones se resumen a los likes que uno consigue en Facebook y a la gente de colegios pirulos que conozcas, a subir a Instagram fotos en las que tomas piscola en un carrete súper bacán.

No sé, siempre he creído que la vida debería ser más que eso. Pero nunca hubo muchas posibilidades más. Siempre estuvimos atrapados en un sistema que tiene tu vida predeterminada sin preguntarte antes.

Quizás por eso la gente joven va a tantas fiestas. Quizás por eso, los universitarios, sobre todo los de primer o segundo año, se descontrolan los fines de semana, y beben y fuman y se meten con desconocidos que tal vez después dejan de ser desconocidos o tal vez no. Quizás aquellos son solo intentos de vivir un poco. Quizás están buscando algo que los ayude a soportar el resto de la semana. Quizás buscan encontrar algo que los llene un poco. Quizás quieren olvidarse un poco de la vida con las que la sociedad les obligó a casarse para el resto de la vida. Quizás salen en busca de posibilidades, la posibilidad de que algo emocionante ocurra, que aquella noche sea especial por algún motivo, algo que los haga sentir más vivos. Y cuando las cosas resultan aburridas y decepcionantes, la ilusión de las posibilidades es lo que los motiva a volver a salir el próximo sábado por la noche. Es que algo tiene la noche. No lo digo solo yo, si no que se ha estudiado mucho el fenómeno de la noche. Kant decía que el día era bello y la noche era sublime. Yo creo que tiene casi un efecto estético, algo casi teatral o místico que hace que las cosas se vean más emocionante que en el día. Algo que produce la sensación de que todo puede pasar. En la novela El Bosque de la Noche de Djurna Barnes se narra la vida bohemia de la protagonista y sus andanzas en las noches por París. En la novela se dice sobre la noche;
“La mano en el día no es la misma mano que en la noche. Porque ahora ahora la mano se refugia en la sombra, su belleza y deformidades quedan difuminadas”.

Quizás es la emoción de lo emocionante y desconocido, un efecto que produce la oscuridad.
Quizás esas noches son un paréntesis de la vida y su ciclo, un momento para desvincularse de todo, donde todo se ve más emocionante y misterioso. Porque después cumplirás las órdenes y envejecerás y un día te darás cuenta que te volviste en tus papás y tus hijos pensarán que eres un viejo de mierda que no entiende nada mientras salen los fin de semana por la noche para intentar vivir un poco. Y todas esas noches serán historias que se esfumaran con el tiempo. Pero, como la novela de Barnes dice, la ilusión de la noche es eso, una ilusión, una ficción. Mañana a la luz del día todo será lo mismo, la vida será la de siempre.
Entonces vuelves a tu casa en el uber, un poco mareado y aburrido, un poco enojado contigo mismo porque mañana tienes que estudiar para un examen y ahora estarás demasiado cansado. Es que esperabas algo más. Debería haber algo más.

Amanda Teillery Delattre

Amanda Teillery Delattre

Chile. 22 años. Autora del libro de cuentos "¿cuánto tiempo viven los perros? publicado por editorial planeta, sello emecé