la historia de la violación

No ficcióncrítica

la historia de la violación

Uno de los primeros escritos que aborda el tema de la violación se remonta al año 1728 a.C. El código Hammurabi (llamado así por el rey de Babilonio de aquel momento) es un conjunto de leyes sobre diferentes crímenes, dentro de los cuales se incluyen la violación.  En él se refiere a los casos considerados como crímenes sexuales y los castigos pertinentes para los abusadores, los cuales iban desde contraer matrimonio con la víctima  (si es que se trata de una virgen soltera) hasta la pena de muerte.

Pero el código Hammurabi no velaba por la integridad física y emocional de las mujeres. Todo lo contrario; se las deshumanizaba completamente.                              

Esta ley solo era aplicable en los casos en que la víctima estuviera casada o comprometida (si era virgen, se consideraba más grave aún), y, si su marido o comprometido no pedían lo contrario, también era condenada a la pena de muerte, ya que se había vuelto “impura”. La violación de una mujer soltera no era considerada un crimen, ¿por qué?, porque ella no era una “posesión” de algún hombre, ósea, no existía deshonra alguna. Estas leyes no tenían como finalidad defender a las mujeres, si no que a las posesiones y al honor de los hombres. El valor que se le atribuía a una mujer dependía de la sumisión de ésta ante un hombre.

Esta autoridad del cuerpo masculino sobre el femenino se repite de manera constante a lo largo de la historia. En la Roma Antigua las mujeres no podían decidir con quién acostarse, y la violencia marital era algo común. En los sistemas feudales de la Edad Media era normal que el señor feudal mantuviera relaciones sexuales con las trabajadoras que quisiera. En La Edad Media también existían costumbres como el cinturón de castidad para controlar la sexualidad de las mujeres. La violación también era un delito de guerra. En diferentes épocas, soldados han llevado a cabo violaciones masivas a las mujeres del pueblo o país enemigo, para así demostrar su superioridad.

La violación es un juego de poderes. Es la manifestación de la autoridad que se ejerce sobre algo o alguien. El sometimiento de una fuerza. La anulación del otro, de la voluntad del otro. La violación es un acto en el que se demuestra quien es el que manda, quien tiene el poder. Es humillar y reducir al otro por beneficio propio.

Claro que ha pasado un largo tiempo desde las costumbres ya mencionadas, en el cual  surgieron las tres olas de feminismo,  se conformó la ONU mujeres, se inventaron los anticonceptivos y comenzó la discusión del aborto. Como diría Caitlin Moran, ¡No ha existido mejor tiempo para ser mujer! (por lo menos en Occidente).
Y es verdad, en los últimos años se han logrado muchos cambios positivos. Pero, aun así, no es tan fácil escapar de la tradición. No es tan fácil deshacerse de un pensamiento heredado que se remonta a años y más años atrás. Y a pesar de los muchos progresos, hay cosas que permanecen todavía.

La idiosincrasia de la autoridad del cuerpo masculino sobre el femenino fue aceptada por tantos años, que, sin darnos cuenta, la tenemos muy naturalizada hoy en día. Todavía ( y quizás ingenuamente) abalamos una cierta mentalidad de violación, de manera no tan explicita. Todavía el cuerpo de la mujer está sometido a la voluntad del hombre.

Objetivizar el cuerpo de la mujer es una costumbre que quizás comienza en el lenguaje (el lenguaje crea realidad y bla bla Foucault bla bla Derrida). Los hombres se crían escuchando a otros hombres clasificando a las mujeres y a sus cuerpos. Antes de siguiera comenzar su vida sexual, ya están acostumbrados a usar calificativos como “la mina” (una palabra, en mi opinión, anuladora de cualquier individualidad) y que ésta está “buena” o “mala” o “rica”. Y siempre los “piropos” son empiezan con un “te daría…” “Te haría…” “Te voy…”. El hombre le “hace” cosas a las mujeres. A las mujeres se les “hacen cosas”.
A esto también se le suma la cosificación del cuerpo de la mujer por parte de los medios de comunicación. Los niños crecen rodeados por estímulos que muestran a las mujeres como objetos, sexualmente sumisas,  y a los hombres con una actitud violenta y autoritaria. La sociedad presiona a los hombres para que vean y las traten  a las mujeres como objetos. Ya sea con la pornografía o con canciones de Kanye West. Entonces, cuando finalmente los hombres entran a la pubertad y comienzan a ver a las mujeres como seres sexuados, inmediatamente se fijan en lo que les han dicho que hay que fijarse; poto, busto, cintura, talle, etc. Y se les acercan como se les enseñó que debían hacerlo, ¿de qué otra manera lo harían?

Por otro lado, a las mujeres se les educa viendo aquello como una práctica normal. Se ha naturalizado tanto la violación que ya no es tan fácil reconocerla.              

Quizás empieza con esa estupidez que te dicen de niña; un niño te molesta cuando le gustas. (Es decir: amor/demostración de sentimientos=abuso). Así se les enseña a las niñas a normalizar y aceptar el abuso como algo positivo.                                                  

Después, de más grandes, te dicen que no andes con la falda muy corta o sola tarde en público, porque es algo “natural” ( y prácticamente inevitable) que otros hombres te miren lascivamente (e incluso te toquen). Hay que hacerles el quite porque son cosas que simplemente ocurren, como si se tratara de un fenómeno de la naturaleza.

Hace poco escuché una conversación en la micro entre una mujer y su hija de unos quince años;                      

Hija: Mamá, ese hombre (un viejo) no para de mirarme. (la mamá parece no escucharla y le habla sobre otro tema dístraidamente)
Hija: Mamá, me sigue mirando.
Mamá (sin mirar al hombre y con un tono de voz cansado): ¿y qué quieres que haga yo? Si sales a la calle, es probable que alguien te mire.                                      

Quizás  la hija era bastante exagerada y su mamá estaba chata de ella, pero esa actitud rendida de la mujer continua siendo una bastante común.                        

Tenemos que aceptar ser sexualizadas cuando no queremos ser sexualizadas. ¿No hay una mínima violación en eso? ¿No es una sumisión ante la soberanía de alguien más? ¿no es callar una voluntad para someterse a otra? Si normalizamos todos estos detalles, ¿por qué nos sorprende la violación y la consideramos la única forma de abuso? ¿no es la violación la culminación de aquellas actitudes llevadas al extremo? Porque si no nos enseñan los límites ¿cómo podemos reconocerlos cuando son necesarios?

Quizás el problema de las violaciones no deberían estudiarse como casos puntuales y particulares. Quizás se debería estudiar la sociedad entera para encontrar la raíz del problema.

Amanda Teillery Delattre

Amanda Teillery Delattre

Chile. 22 años. Autora del libro de cuentos "¿cuánto tiempo viven los perros? publicado por editorial planeta, sello emecé