La feminidad alternativa

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La feminidad alternativa

Fui a un colegio de mujeres la mayoría de mi vida. El uniforme siempre debía estar impecable, falda tableada azul marino y suéter rojo con la pequeña casita en el lado inferior derecho. Hay una feminidad insistente bastante inevitable en este tipo de ambientes, y con todo, aún no sé cómo ser femenina.

Cuando entramos a la pubertad, todas comenzaron a florecer en esta imagen usual de la mujer –que, digo desde ahora, no tiene nada de malo–, y me encontré con que yo no sabía cómo hacerlo. Había una imagen de quién tenía que ser, pero ninguna idea de cómo llegar ahí y, más importante aún, no me resonaba.

La primera vez que vi el término tomboy y la idea vaga de qué significaba, pensé que quizá podía identificarme con eso. Si no era femenina, entonces debía ser masculina, razoné (luego me di cuenta de que son construcciones sociales movibles y no únicas). Y no, lo que me generaba una confusión: no era lo suficientemente femenina en el sentido tradicional de la palabra, pero tampoco era masculina. Solamente tenía un gran aprecio por la comodidad, y aún lo tengo. Para ser una persona tan en las nubes y en tan poco contacto con su entorno, tengo enorme sensibilidad respecto a la ropa, lo que me limita las opciones.

No es que no pueda ser femenina, sino que debe ser con mis condiciones. Contenta uso vestidos y faldas mientras cumplan con los requisitos para que me resulten cómodos, como acompañarlos con medias –usualmente– o que no sean apretados ni demasiado sueltos. Con el maquillaje es lo mismo: me divierte usar delineador o labial mientras la textura no sea pastosa o seca. Esos son algunos ejemplos de la extensa lista de requisitos que un atuendo debe cumplir para sentirme en paz. Puedo llevar aquello típicamente femenino, pero no de la manera típica.

Tengo tres íconos femeninos: Patti Smith, Stevie Nicks y Florence Welch. Algo que tienen en común es que formaron una feminidad en sus propios términos, y eso me alucina. Patti Smith no se apegó al rol social que implica ser mujer, y formó su propia manera de expresar su género. Stevie Nicks fue rumorada bruja debido a su manera de vestir, en el que encerró un misticismo alrededor de su feminidad. Florence dice que siempre ha estado interesada en la feminidad que contiene oscuridad, que nada puede ser demasiado bonito. Y se trata de esto, de que no se limitan al marco que envuelve a la expresión del género como mujer tradicional, y así han logrado navegar en el espectro de la feminidad –la que puede incluir trajes o ropa usualmente vista como masculina–.

Es en ellas en quienes vi una similitud. No tengo la afición por la moda de Florence Welch, ni me nace –por lo menos, en este instante– el atrevimiento con que ella lleva su colorido clóset –absolutamente fascinante, debo decir–. Pero sí me identifico con su variación de lo que significa feminidad, y con que lleve a veces su rostro sin maquillaje, especialmente en una industria que lo pide tanto. Y más aún me encuentro en el aspecto desarreglado de Patti Smith, su melena desatada y maquillaje corrido; no conformarse a la forma usual también es una forma de expresión.

Probablemente nunca tenga absolutamente claro cuáles son los códigos sociales, pero honestamente ya no me importan demasiado. He logrado encontrar una fórmula para enfrentarme a las distintas situaciones sin tener que sacrificar mi propia sensación y expresión respecto a mi género, y me he dado cuenta de que no necesito atenerme a las normas. La solución resulta tan fácil al darse cuenta de estas nociones –en mi caso, como mujer cisgénero–, y de que mi feminidad es mía, y que no necesita ser femenina como dicta el estereotipo. Puede ser una alternativa.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.