Juanta: abrazá lo que hacés

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Juanta: abrazá lo que hacés

Amanda: Lo voy a dejar ahí solo para que no intimide

Juanta: Sí, sí, así, me hago la que no existe (ríe y mira para otro lado)

A: Bueno, te quería preguntar, ¿cómo fue empezar esta aventura de la ilustración?

J: No importa si divago un poco, igual, estuvimos hablando como dos horas (ríe), así que…

A: Divaga todo lo que quieras

J: Creo que la ilustración fue algo que siempre hice. Hace algunos meses, antes de venirme a Barcelona, encontré como unos fanzines que había hecho de chica que tenían historias, y me di cuenta de que por ahí soy ilustradora desde muy chica y que nunca dejé de dibujar.


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"Sol afortunado"


Pero no sabía qué era la ilustración hasta los 17 que empecé dibujo con una chica de Rosario, una ilustradora que se llama Romina Biassoni, y ella me explicó qué era la ilustración. Yo pensaba que era los dibujitos en los libros infantiles y no tenía idea de que era mucho más complejo, que se podía aplicar a más cosas. Ella vio algo en mí, depositó su cosito de confianza y me dijo “vos tenés pasta para la ilustración, ¿por qué no empezás a estudiar el año que viene cuando termines la secundaria?” Y yo, “sí, bueno, ¿pero dónde se estudia eso?” Y me dice, “no, yo estudié acá en ISCV que dan Diseño gráfico e Ilustración”, y me anoté ahí. Al principio quería ser diseñadora gráfica porque pensé que eso me iba a dar más plata, pero después me di cuenta de que estuvo ahí siempre lo del dibujo y la ilustración y contar cosas así, así que como que fue muy natural para mí decidir ser ilustradora. Por eso te digo, no sé si es que llegué, sino que siempre estuvo de alguna forma hasta que lo pude decir con palabras cuando estuve en tercer año de la facultad. Ahí dije “ah, yo quiero ser ilustradora, voy a meter todas mis fichas en eso”. Y nada, llegué ahí.

A: Wow, qué bonito eso de que hacías fanzines desde chica.

J: ¡Claro! Los tendría que subir a Instagram a alguna vez. Pero es eso, que justo había un contexto en mi ciudad, Rosario, que no es la más importante de Argentina y que es como una ciudad muy de ahí: no hay turismo, no pasan cosas en general, no hay malls ni mucha actividad cultural, pero justo ese año que yo empecé a estudiar empezaba a haber más movidita de ilustradores. Se creó el Festival Furioso de Dibujo por unas doce ilustradoras, entre ellas mi profe de ilustración, y también otras como Jazmín Varela y María Luque. Había invitados con talleres y también me fui formando ahí porque yo sentía que en el instituto nunca me iban a enseñar 100% todas las cosas que tenía que saber para ser ilustradora, y quería hacer crecer mi estilo por fuera de las cosas académicas. La carrera se llamaba Diseño gráfico e ilustración, pero es 20% de ilustración y el resto de diseño gráfico y tipografía, que yo sufría un montón. Entonces gracias al Festival Furioso de Dibujo y que había más gente que vivía de esto en Rosario, que no se iba a Buenos Aires, fue que yo me sentí más confiada de decir “quiero hacer esto”. Tiene muchas ramitas el camino, pero creo que fue gracias a que lo hacía siempre, a que mis viejos nunca me dijeron que dibujo feo y me apoyaron en la universidad, y también gracias a que en Rosario estaban pasando cosas. Como artista, como creativo, como persona que vive en Rosario si vos te querés dedicar a la creatividad, como que empezás de chapa con una desilusión de que aunque estudies arte, nunca vas a lograr estar mejor que los de Buenos Aires. En ese sentido, que haya estado este festival y esta gente fue re-lindo, porque me dio un impulso para decir que bueno, por ahí las cosas pueden ser distintas…

A: ¿Te ha generado una duda de tener que mantenerte en tu estilo? Decir, ¿cuál es mi marca? ¿Cuál es mi persona?

J: Sí, sí.

A: ¿Cómo ha sido eso, te ha generado limitaciones?

J: Muchos momentos de mierda (ríe mucho). No, mentira, pero es que te pone la presión de cuando apenas decidís que querés ser ilustradora, tenés la noción de que tenés que tener un estilo es una presión horrible, y que a veces no te ayuda a pasar por una etapa que tenés que pasar sí o sí, que es la exploración y encontrar tu estilo. Entonces te podés terminar frustrando y tirando a la mierda tus deseos de ser ilustrador por no encontrar tu estilo. Tenés que aceptar que hay tiempos para la mano y para el dibujo, y hacerlo un año o dos todos los días para darte cuenta cuál es tu estilo o cuál es el que quieres tener, porque podés decidir también. Es algo que puedes aceptar diciendo “uy, dibujo esto y no lo puedo mejorar”, y bueno, por ahí es tu estilo, aceptalo, fijate si ves algo lindo y abrazate, abrazá lo que hacés, y si no te gusta, tratá de desarrollarlo.



Pero tomate el tiempo para experimentar lápiz, grafito, tinta, para experimentar todas las técnicas y una vez lográs eso, te encontrás con el estilo. No es que decís listo, ya tengo mi estilo, sino que dibujando empieza a aparecer. En algún punto decís, “¡uy, ya hace veinte dibujos que vengo dibujando así!” Y como que ya está, lo encontraste y a seguir el camino, por así decirlo. Pero es muy triste que esté esa presión del estilo porque creo que es algo que corta de raíz a un montón de gente que quiere empezar a meterse en esto y se frustran porque no encuentran el estilo enseguida. Es natural que pase eso y nada, es feo que se pongan esa presión. No hace falta, es cuestión de tiempo y entrenamiento. Constancia es lo más importante. Todos dicen que dibujar es una actividad entretenida y es lo que me hace feliz, pero también hay que asumir una responsabilidad como ilustrador. Tenés que dibujar todos los días, tenés que tener una constancia. No podés dormirte en los laureles.

A: No esperar a que aparezca, que llegue. Tiene que haber una disciplina.

J: Claro, exacto. Sí, no se habla mucho de la disciplina, siempre se habla del disfrute de la actividad pero a veces no se disfruta, a veces te frustrás y a veces no te dan ganas de dibujar y no sé, si querés dedicarte a esto, tenés que tener la disciplina de dibujar mucho y nada, buscarla.

A: Sí, porque incluso viendo tu trabajo, hay mucha diversidad de formatos, ¿no?

J: Sí…

A: En la medida de que sí trabajas cuadro a cuadro en una historieta, pero también de repente solo hay un cuadro, donde la narrativa va por otra parte.¿Cómo ha sido para ti jugar con el formato?

J: No sé, fue una cuestión de ver qué hacían los demás. También hay una realidad en que yo en algún punto creí que era muy importante la visibilidad en las redes sociales, y después, cuando la logré, me di cuenta de que no hacía tanta falta tenerla porque sigo sin currar como me gustaría, sigo sin tener el trabajo que me gustaría tener. Entonces lo que pasa con un montón de mi trabajo es que, en esa etapa en que yo quería lograr esa visibilidad en las redes sociales, estaba todo muy hecho para ellas. De repente ves un cuadrado que contiene una imagen con un texto, una ilustración que funciona mucho en instagram, pero no soy yo, sino que soy yo tratando de encontrar seguidores, y nada, es muy triste. Ahora estoy tratando de cambiar la cosa ahí, estoy tratando de ser más sincera y generar contenido y narrativas que me gusten a mí, por eso de repente mis últimos dibujos son tiras. Tienen una narrativa medio rara porque yo también pensaba que el cómic era una cosa precisa, y luego me di cuenta de podía ser más desestructurado y mucho más feliz de hacer. Sin saber de cómics y sin haberte leído 10 mil de ellos podés hacer cómic igual, y empecé a ser más sincera: y a todo esto, conseguí más seguidores siendo más sincera, o sea, tendría que haber empezado por ahí.

A: Pero eso también se aprende.

J: Claro, pero eso también se aprende, y me di cuenta de que no importa ser conocido, lo que importa es tener un buen portafolio y mandar muchos mails, y creo que va por otro lado esto de vivir de la ilustración. Todavía no sé bien qué es lo que necesito hacer, pero si de algo me di cuenta, es que no valía tanto la pena ser conocido en instagram, al menos para mis objetivos como ilustradora. Hay gente que ilustra para redes sociales y genera contenido y le va super bien y viven de canje y esas cosas, pero yo creo que no quiero eso. Pero me di cuenta hace unos meses (ríe).

A: ¿Cómo fue para ti crecer tu cuenta? ¿Qué sensación te generó verlo, y sientes que te tienes que visibilizar como persona? ¿Cuál es tu relación con eso?

J: No sé, es re-loco. No es que soy super influencer, no tengo tantos seguidores, pero todos los hice de forma muy orgánica, nunca pagué ni nunca le pedí a nadie que compartiera mi cuenta para tener más. Yo sí quería tenerlos para visibilizar mi trabajo porque pensé que a través de la popularidad iba a tener más trabajo. Luego me di cuenta de que no me daba trabajo, sino likes y gente que me consultaba, “¿cómo hacés esto, cómo hacés lo otro?” “¿Cómo vivo de la ilustración?”, me preguntan, y yo les digo “¡no sée!”, no sé, te digo cuando me pase. Ya hace cuatro años que estoy haciendo crecer esa cuenta, pero fue muy interesante ver cómo cambiaba mi estilo. Se nota si scrolleas mi perfil cómo cambia y cómo cuando empiezo a ser más sincera con las historias empiezan a subir los seguidores. Y cómo cuando hacía imágenes que no eran tan sinceras –que por ahí lo veo solo yo porque yo sé qué fue qué– cómo no estaba la devolución que yo quería. Y ahora, últimamente la devolución me da igual porque estoy en una etapa de haber conseguido un número interesante de seguidores, pero pensé que a estas alturas yo iba a tener más trabajo y que iba a poder vivir de la ilustración y no es así, así que estoy un poco frustrada con la plataforma. Al mismo tiempo es lindo porque a veces me escriben de Ecuador, o de Perú, o de Chile, o de México, y otros países de Latinoamérica y me dicen “ay, me encanta lo que hacés, yo soy de acá y quiero ser ilustrador”, entonces me piden consejos, o no sé, en manifestaciones feministas han dibujado mis brujas, que eso es buenísimo. Está buenísimo tenerlo como herramienta de devolución de lo que es tu trabajo para las personas.




Pero al mismo tiempo no me gusta compartir mi cara y muchas cosas de mi vida. Prefiero compartirme en cuanto a mi trabajo y muchas veces parece solo es la ilustración, pero tengo un montón de cosas más que hago que no muestro porque no quiero, y a veces veo que hay muchos ilustradores que salen de fiesta y lo ponen en sus historias, y yo pienso, uy, eso está como re-mal, es cero profesional, y después digo “ya fue, que hagan lo que quieran”. Es la forma que tienen ellos de comunicarse. Matías Prado, por ejemplo, muestra a sus perros, la fiesta y a sí mismo como ilustrador y como artista, y es súper divertido. También sigo a una chica de Venezuela y ella no muestra qué hace en su día a día, sino que lo muestra cuando tiene que ver con la ilustración, y yo soy más así, porque no les va a importar mi vida, mi sobrino, mi familia, les va a chupar un huevo a las personas eso. Igual creo que la gente siempre quiere un poco más, y como que siempre siente que te conoce y te escriben con mucha confianza. Una vez una chica me escribió algo así como “¡ay, casémonos!”, y no da, es raro. La gente se hace una idea de vos que no es. Hay gente que piensa que yo tengo 30 años y que vivo de la ilustración y cosas así porque yo no muestro mi cara ni mi voz y de repente se dan cuenta de que soy una estudiante de 23 años que vive con sus padres y es como “¡no, qué onda!”

A: ¡La imagen, el sueño, la proyección!

J: ¡Claro! Y no es así. Soy una persona normal pero no tengo ganas de mostrar mi día a día ni mi pareja porque para eso tengo mi instagram personal y ya.

A: Y al final se trata de eso, de ser genuino. No vas a andar mostrando algo que no quieres hacer.

J: Claro, exacto, pero tampoco tengo problema con los ilustradores que muestran su vida o su día a día o que no sé, van a un concierto, y que puedan combinar esas dos cosas y tengan un público que le gusta ver eso. Yo sé que a mi público le chupa un huevo lo que hago en mi día a día. Si estoy con Pelusa y me reencuentro con mi perra que hace seis meses no veo… no les va a importar. A ellos les importan los dibujitos, y ya está, me manejo así.

A: Lo bueno es que te genera esta distancia de la plataforma, porque de repente todo está en instagram, y si se cae, el ilustrador sigue viviendo.

J: Claro, totalmente, y aparte es feo, porque es como si hubiese una presión de todo el tiempo tener proyectos y tener trabajo y clientes, y subir dibujos cada tres días porque todos lo hacen, y ves todos los ilustradores que seguís que tienen este cliente, y tienen el otro cliente, y tienen el otro cliente, e hicieron el fanzine, y tienen una feria y van a dar una charla y van a dar un taller, y después decís, ¿cómo mierda hacen? Y después hablas por directo con esa persona y te dicen “no bueno, en realidad lo estoy pasando como el horto”. Todos los estamos pasando mal, pero nos esforzamos en mostrar que estamos trabajando, y yo me cansé de querer publicar todos los días. Me da igual, yo voy a empezar con trabajos más largos y más grandes porque no puedo vivir ilustrando para las redes sociales. No es lo que quiero. Si fuese mi objetivo como ilustradora, sí, pero, realmente me atrapé en un círculo vicioso de hacer eso, y a veces veo que mi última publicación fue hace cinco días y digo ay, no, estoy haciendo las cosas mal, voy a perder seguidores, y luego pienso que no importa, los seguidores no me van a dar trabajo, salvo que haya algún editor en el medio, pero de momento no es así.

A: Y es reenfocar, ¿no? Redirigir lo que estás haciendo.

J: Exacto, o buscar seguidores que tengan que ver con la edición o la ilustración infantil, es eso.



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A: Te quería preguntar por tus brujitas. ¿De dónde surgió hacerlas?

J: La verdad, no sé de dónde salió. Creo que fue una vez que encontré una foto que estaba yo de chica, que en Argentina se usa mucho las colonias de verano –un club deportivo al que te mandan tus padres–, y había una fiesta del fin de la colonia y me habían disfrazado de bruja. Y hay una foto mía toda horrible de bruja que encontré una vez, y me recordó mucho a ese día que yo me sentía mal porque estaba fea. Y me dio por dibujar brujas. También porque en ese momento estaba demostrando más en mis dibujos mi militancia feminista, entonces lo quise hacer a través de esos personajes. Surgió. Puede haber sido el detonador esa foto, pero te estaría mintiendo si te dijese que sí. Entonces salieron las brujas, tuvieron buena respuesta de mis seguidores, así que por supuesto (se ríe), las seguí haciendo porque las disfrutaba. Ya estaba aburrida del dibujo lineal y a ellas las hacía con técnica mixta, así que de poco se fueron incorporando en casi todo lo que voy haciendo. Ahora quiero hacer una novela gráfica de una bruja que hace todo mal y que tiene un espíritu guía, que no sé cuándo empezaré pero estoy trabajando en el guión. Me gustan las brujas en sí porque apunta a una mujer histérica o loca o fea, y en realidad es una mujer súper poderosa y mágica y es como ícono del feminismo. Me parece súper simbólica. Y además andan en escoba y la escoba se usa para barrer, y barrer es una tarea doméstica que se les encomienda a las mujeres. Y las brujas, esta cosa sí me encanta, usan la escoba para volar, no para barrer. Usan un elemento que las debería esclavizar para liberarse, para volar y hacer magia. Y eso wow, me flasheó que no había entendido ese sentido de las brujas. Y ahora quiero seguir trabajando con ellas.



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A: Encontraste también un símbolo para ti, de lo que tú querías.

J: Sí, exacto, y en la última marcha [del 8 de marzo] me disfracé de bruja, feliz.

A: ¿En serio?

J: Yo soy media bruja también, tengo un altar con velitas. Pego en la pared mis propósitos y cartas que me hacen mis amigos y prendo la vela y pongo mi intención ahí y después me pasan cosas buenas, entonces después digo que soy media bruja.



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A: Sí, total.

J: Y también quería en esta novela gráfica hablar de eso, de cómo con las intenciones podemos lograr cosas. Pero después me di cuenta de que esto de que si alguien tiene una intención… viste que cuando alguien, por ejemplo, yo, soy clase media, mis padres me bancan, tengo buen poder adquisitivo, si tengo una intención de hacer algo y le pido a mis padres dinero para hacerlo, lo voy a hacer. Pero hay gente que tiene intenciones de hacer cosas y no puede porque no tiene el poder adquisitivo, no tiene el tiempo, no tiene una vida cómoda como para permitirse hacer eso, entonces quería que la novela gráfica de las brujas un poco hable de eso, de que cómo hacer magia y ser bruja y poder materializar las intenciones es un privilegio. Pero bueno, vamos a ver cómo va el guión, porque por ahí no la hago.

A: ¡Pero ya la quiero leer!

J: La idea es empezar a trabajar a fin de año en esto, así que vamos a ver cómo va.



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A: Entonces tú te quieres dedicar a la ilustración editorial, para niños.

J: Sí, infantil editorial. Es algo que decidí este año. Me encontré ahí haciendo eso.

A: La ilustración estaba muy encerrada dentro de solo los cuentos y recién tuvo este peak en que se volvió algo muy conceptual y abstracto o de periodismo serio. ¿Qué pasa con esa ilustración infantil? Sí se abrió eso, pero, ¿sientes que haya quedado visto en menos?

J: Sí, creo que cuando una empieza con la ilustración tiene el error de pensar que va a ser un libro infantil ilustrado, y después está bueno de que la ilustración se aplica a un montón de cosas y a cosas para adultos porque como estudiante te da opciones: dices, uy, puedo hacer más que un libro infantil ilustrado. Pero siento que sí, ahora habiendo tanta ilustración para adultos, a la ilustración infantil no se le da tanta bola y quizá antes era al revés y nada, no sé.

A: Pero lo bonito es que siguen existiendo, ¿no? Justo ahora Matías Prado y Catalina Bu están en Bolonia en la Children’s Book Fair, y gente como Matías Prado que hacía sus personitas para la Maratón de Santiago y zapatillas, y de repente hizo De cuento en cuento.

J: Que es hermoso, encima.

A: Está muy bonito.

J: Sí, creo que tampoco es que me haya llevado tanto en la ilustración infantil, pero uno tiende a pensar que tiene dibujos más sositos y más infantiloides, lindos y tiernitos, y en realidad me parece que están cambiando un poco. Se puede hacer ilustraciones más serias o más diferentes a eso que uno tiene preconcebido de la ilustración infantil.

A: Y que puede tener narrativas también, contenido.

J: La ilustración infantil es pura narrativa. La ilustración para adultos es más conceptual porque se le puede dar segundas lecturas con la cabeza de adulto, pero los niños lo tienen que entender de forma más directa, entonces la narrativa de la imagen tiene que ser mucho más clara. Y no tiene que ser tan estática, pasan cosas, y es como que “¡ah!, está cagando el perro, está soñando, están tristes” y lo tienen que captar así. Y es mucho laburo lograr una síntesis así.

A: Lo bonito de los niños es que tienen toda una área imaginativa entre cuadro y cuadro.

J: Sí, es verdad.

A: Si eres un adulto estás condicionado a una cierta línea narrativa de posibilidad, y para un niño hay todo tipo de posibilidades de una página a otra.

J: Claro, exacto. Cuando ilustrás es eso, te tenés que poner del lado del otro, entonces imaginate qué difícil ser un ilustrador adulto y ponerte en el lugar de qué va a interpretar el niño. Después igual hablás con editores y te dicen “no importa tanto lo del niño porque el que compra el libro es el adulto”. Entonces tenés que convencer al padre o al adulto también. Pero bueno eso ya es otra cosa, es tema de editorial que no comprendo aún también, pero pasa.

A: Otras reglas. De hecho hoy es el libro internacional del libro infantil.

J: Sí, ¡qué bonito!

A: Y te quería preguntar del colectivo en el que estás, P.I.B.A.S., y del fanzine, te has movido mucho en eso. ¿Para ti cómo ha sido la autoedición?

J: Me encanta. Es la casita en la que me refugié cuando empecé a ser ilustradora. Yo veía el objeto fanzine como un objeto fácil de hacer, para promocionarse. Como ilustrador, ser capaz de hacer una serie de ilustraciones coherentes con una narrativa es una mini prueba de que puedes ilustrar. Primero llegué al fanzine por eso, por tener una suerte de mini-portafolio e imprimirlo. Luego empecé a entender otros conceptos del fanzine: la autoedición y el hazlo tú mismo, e involucrarse en el proceso de imprimir y de alguna forma me volví muy fan. Empecé a producir los míos y me crucé en Rosario con unas amigas, colegas, que también hacían y organizamos una feria llamada Fanziferia, que ya no se hace más, pero nos empezó a conectar con toda la red fanzinera de Argentina, que estuvo muy bueno. Y después, cuando vine acá, ya sabía que en España era más reconocido como objeto, porque en Argentina tenés que explicar todavía qué es un fanzine y acá la gente lo entiende, lo consume y lo va a buscar.



A: Sí, ¡están en librerías!

J: Hay una librería de fanzines, la Fatbottom Books, que, nada, son cosas que en Argentina todavía no pasan pero en algún momento calculo que sí. Más conocimiento del fanzine y la autopublicación en general. Y cuando vine acá, había otra chica de mi ciudad que se venía a vivir para hacer un posgrado que había participado en la feria y que también está en un colectivo de ilustración feminista de mi ciudad, Cuadrilla Feminista. Queríamos feriar pero no queríamos ir solas, así que nos juntamos y le pusimos el nombre, P.I.B.A.S., y se nos ocurrió que estaría bueno tener autopublicaciones de otras personas de Argentina para mostrar que allá también se hacen fanzines. Y estuvimos en Madrid, en el Tenderete en Valencia, en el Graf Comic… vamos con fanzines nuestros y de dos personas más. Pero la idea es seguir juntando, nada más que como el proyecto es muy nuevo, estamos en recolección de material. Más que nada es que nos manden cosas personas que pueden hacerlo llegar acá y así mostrar las movidas fanzineras en Argentina, que son varias y son interesantes. Los fanzines los amo.

A: Es que la autoedición es como la autovalidación, ¿no? Si nadie me quiere publicar…

J: Me publico yo.

A: Y darle poder a eso.

J: Aparte que es algo accesible. Algo que todos pueden hacer con muy poco. Es groso. No hace falta hacerlo en serigrafía o risografía para hacer un fanzine súper… Puedes hacerlo en fotocopia blanco y negro, y si el contenido es sincero o es bueno o es lo que querés decir, ya está. Funciona.


Juanta (Ángela Juanto) es una ilustradora y bruja argentina radicada en Barcelona. Conoce su trabajo en su página web e instagram. Todas las ilustraciones le pertenecen.

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Florencia y nube, obra inédita de mini Juanta.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.