Helada

Mis manos se enfriaron. ¿A dónde se fue el calor? Al abrir mi cuaderno de acuarela del 2014, se lee

"No soy lo que estás buscando, y ni siquiera te amo; pero si necesitas calor, te daré mis manos"

Pero ya no puedo ofrecer eso, mis manos se helaron. Ahora las escondo entre mis muslos esperando que adopten el calor del resto de mi cuerpo y

nada.

El otro día sentía todo el cuerpo muy cálido –estando poco abrigada–, pero cualquiera podría haber mirado mis manos dos segundos y pensaría que tenía hipotermia, todas moradas con amarillo y uñas azules y temblando.

Lamento la huida de mi calor, pero mientras miro mis venas verdesconazul hinchadas, alguien toma mis manos en las suyas.

Las ponen bajo su pierna.

Alrededor de su cuello.

En su pecho, entre sus capas de abrigo, al lado de su corazón.

Siento latir.

¿A dónde se fue mi calor? Mis manos se deshicieron de la capa protectora y ahora se abren a sentir la calidez que irradian otros, y a recibirla.

Ahora camino con las manos al frente, sin miedo a estar heladas en este tiempo helado. No pasa mucho tiempo hasta que alguien pretenda remediarlo.


Imagen: Cómo tomarse las manos, ilustración antigua japonesa.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.