Hacer cosas.

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Hacer cosas.

Me siento inepta para hacer ciertas cosas, pero menos que antes.

Antes dejaba pasar propuestas u oportunidades de cosas que quería hacer porque no me sentía lo suficientemente preparada para enfrentarlas. ¿Cómo atreverme a hacer algo que parecía destinado a fallar? Eso cambió cuando conocí a Rafa Miranda.

No fue en el momento específico de conocerlo, sino que sucedió gradualmente. Conocer a Rafa me inspiró mucho. En ese momento ambos teníamos 19 años, pero él vivía solo y se mantenía. No se detenía a pensar si era capaz de hacer las cosas, sino que las hacía. Cuando yo hablaba de querer hacer algo de lo que no me creía capaz, él me decía que lo hiciera. Me impresionaba mucho verlo. "Di que sí y luego aprendes a hacerlo". La noción de sólo ir y hacer algo que quería me parecía muy extraña. Rafa me incentivaba a seguir mis impulsos creativos. En un momento que me estaba inclinando a la idea de estudiar cine, me apoyó. "En el discurso de tu Oscar, tienes que mencionar mi nombre". El simple hecho de que alguien creyera en mi de esa manera me emocionó un montón. Y no era una creencia aplastante, de esas que, llenas de expectativas, paralizan a uno. No. Él me enseñó a creer más en mi, a creerme. Gracias a eso cambió mi actitud ante varias cosas. Me sigo creyendo poco apta para ciertas actividades, pero por lo menos esta vez las intento.


Mi hermano mayor se mudó de nuevo al apartamento anteayer, porque va a estar aquí trabajando un tiempo. Juan Diego para mi es un ser mitológico. No lo entiendo y me da mucha curiosidad. Es muy interesante y divertido para mi interactuar con él, porque pensamos de maneras distintas.

Cuando llegó, entró al cuarto que usaría (el de mi hermano que ahora está estudiando fuera), y de inmediato se puso a redecorar. En la calle de camino a la casa le compró un mapamundi a un señor que los vendía en el tráfico. Luego, salió a la papelería por corcho y unos pines y llegó a pedirme teipe y pega. Llegó, pegó los corchos, pegó el mapa en el corcho y lo dejó secando. Mientras, movió los muebles del cuarto de mi hermano de lugar para que quedaran a su gusto. Quitó los posters que no le gustaban, y sacó y pegó los suyos. Desempacó sus cosas y las empezó a organizar por el cuarto. Después colgó el mapa y puso los pines en los lugares en los que había estado. El cuarto se veía muy bonito y quedó muy distinto al principio. Pero lo que me impresionó fue la actitud certera con la que hizo todo.

El mapa no lo planeó, lo compró en la calle por casualidad. Los posters los pegó donde le parecían, de manera rápida y sencilla. Pensé en los posters de mi cuarto que no he pegado por miedo a que se dañen. Los muebles los movió según le pareció, porque le gustaba más como entraba la luz de esa manera. No estuvo, como yo hubiera estado, pensándolo demasiado rato, comparando posibilidades, viendo los pros y los contras, y leyendo acerca del feng-shui para principiantes. Básicamente quería algo y lo hizo, y esa noción me pareció sumamente lógica, simple e impresionante. Casi increíble.

He descubierto que en este aspecto me relaciono con mis amigas. Con Amanda, y también con Caro, me he dado cuenta de lo mucho que tardamos en intentar las cosas. Damos una vueltota para convencernos a nosotras mismas de hacer algo, y luego de hacerlas no estar muy seguras de nuestros resultados.

Creo que tiene que ver con las normas sociales. A los hombres se les incentiva más las valentía, mientras que a las mujeres no tanto. Lo raro es que las personas más valientes que conozco son mujeres. Pero me pregunto si esto de sentirse poco apta y no atreverse a hacer ciertas cosas nos pasa más a nosotras por aspectos socioculturales. Lo bueno es poder darse cuenta y cambiarlo.

He aprendido a ser más libre. Cuando mis amigas se sienten inseguras, trato de apoyarlas en lo que pueda y de incentivarlas. Las admiro un montón y creo en ellas.

Lo mejor de esto es que rebota. Amanda me quitó el miedo a dibujar y según ella yo la ayudé también. Mis amigas en general y mi mamá me quitaron el miedo a cocinar. Cuando quiero hacer algo y me da pena o miedo, pienso: no pierdes nada intentándolo. Y sí, a veces pongo a Shia Labeouf.

Una de las cosas geniales de la gente que amo en mi vida es que puedo aprender de ellas y gracias a eso me vuelvo más completa y capaz. 10/10 would recommend.