Fluir

Así, tan despacio,
corría en su brío
la lágrima desnuda,
esclarecida en el tiempo
como el agua que trenza
la mejilla
y la renueva.

Pasaba ahí la lágrima
que ni comprendía
su silente verso,
ni su trémulo guiño,
tan sólo descendía
sin buscar retener
el trazo,
el aleteo cálido
del párpado remojado,
las pestañas y la ceniza
envuelta en el viento delgado.

El silencio
encendido,
como fuego que reclama
espacio y verbo,
se reintegró en la boca,
como un pétalo desmayado
que retorna a su flor incomprendida.
Líneas, líneas invisibles
en mis manos, en mi lágrima
distendida, en la sábana del llanto
que se desliza en la piel fingida:
desmemoriada fragilidad.

Alejandra Ríos

Alejandra Ríos

Colecciono sonidos.