Es muy simple sólo llamarle nostalgia

Ficción

Es muy simple sólo llamarle nostalgia

Mis lágrimas me cuentan lo que ya viví. No son de tristeza: son gotas, riachuelos o pequeñas olas, de nostalgia que son contenidas en mis ojos por los párpados y las pestañas, ahora blancas. Vienen para decirme lo que mis vidas pasadas ya sintieron, son empatías que un alma vieja –y a veces cansada– puede prestarle a éste su último habitante de un mundo que está igual, viejo y cansado. Colecciono estos momentos con una pequeña marca en un corazón que pega un salto y luego se hace chiquito, lleno de cicatrices que no son mías, sino de ellos. Aquí pueden sentir lo que se ha vivido:

  1. El rostro desencajado de una madre que vive más que un hijo.

  2. El enojo perpetuo que escucho en la voz de a quién se le despoja la tierra.

  3. Un abrazo fuerte fuerte que veo a la distancia.

  4. La mancha que deja un dedo grasiento en la página de un buen libro.

  5. La cara de una lección recién aprendida.

  6. Una mano estirada que al fallar en un intento de asir el aire se adelgaza para convertirse en el hilo de voz que pide ayuda en este mundo tan ruidoso.

  7. Una madre que se queda esperando.

  8. Un bosque en llamas.

  9. Una vela de cumpleaños en un cajón.

  10. El dolor en las arrugas de esa maestra.

  11. La rabia de un cuerpo.

  12. El canal del desagüe.

  13. El cerro destazado.

  14. La fotografía ampliada, no impresa, del padre de una hija que lo sabe macho pero con cariño le regala el retrato que le ha hecho.

  15. Un árbol urbano con su corteza triste.

  16. Una mancha en una cara.

  17. La sonrisa de una buena cosecha.

  18. El abrazo de la comida por voluntad preparada y regalada.

  19. La cercanía que borra la cara de un amante y deja nada más los ojos, el aliento y los
    humores.

  20. Un deseo no cumplido.

  21. Una voz ronca llena de consciencia.

  22. Una silla vacía.


Iñaki Malvido Prada