Es el deseo.

Colaboraciones

Es el deseo.

Cuando nos fuimos yo prometí pensarte toda la vida. No haciendo alusión a un tiempo determinado, ni a un porvenir sobre el que mi cuerpo magullado avanza paso a paso por el mismo cuarto. Si no hablando de cuestiones más profundas: de luces y hormigas.
A los once años vi por primera vez la película que tiene por nombre lo que nunca aparece, película de 1929 llena de chistes locales. Ya sabes, los surrealistas y sus alegorías. En una escena, de la dermis sudorosa y blanda, brotaron hormigas. No lograba hacer la conexión. ¿Qué tenían que ver las Formicidae con la mujer que masajeaba sus piernas y exprimía sus senos, que eran a la vez nalgas y un asno muerto? “Es el deseo” leí años después, más que supiera que era, no significó que entendiera.
No hasta esa tarde de Abril en que te negaste a enseñarme tus pies porque los creías feos y escondiste bajo un suéter agujerado tu pecho transparente. Acostados lado a lado, nuestras piernas se forzaban cada vez más sobre la otra. Mi cintura clavada en tu ombligo nos traía ese calor bochornal característico de las zonas áridas y solitarias. Cuando nos conocimos tu te paraste rozando mi hombro, encendiendo así infinidad de faroles. Cada palabra intercambiada parpadeaba entre nosotros, se reconstruía. Hablamos de mosaicos, platos faltantes, trampolines y por ocasiones de familia. Hicimos mucho juntos y a la vez nada. Nunca, ni por descuido, enunciamos un te quiero. Nos tratábamos a medias, con un pie entre las costillas y el otro en el cemento. Fuimos, para el otro, lagartijas. Sé que tu me lo advertiste, yo misma lo hice. Mas en la vida no existen razones y así nos pasamos semanas que goteaban días.
Esa tarde de Abril, cansados, frotábamos nuestras orejas intentando iniciar una Revolución olvidada. Era obvio que habíamos llegado al final. Tanteé la cama y te contemplé. De lo que pasó después, yo culpo a la piel. Pues, a ti que la confundiste con canela. A ti ingrato que nunca maullaste ante Dalí, pero ante lo pálido, lo que vacío yace bajo la lengua. La piel te deseó. Debí de apagar las luces, hablar de despedidas.

 Más cuando abrí la boca 
                         tan sólo 
                                  salieron 
                                           hormigas. 

L'illusion diurne (La ilusión diurna) Sombra del gran piano acercándose, 1931, Salvador Dalí

Alexa Pereda

Imagen de la película Un perro andaluz (Luis Buñuel, 1929)