Episodios

El espacio de debraye entre el sueño y la vigilia siempre se alarga. Parece ser que, entre más cansada esté, más dura. Anoche me dormí con el cuerpo pesado, casi magnético con la cama.

I. Cuando chica me sentía un personaje. A los 17 quise estudiar cine porque tenía la sensación de que todo se veía como escenas de películas, y quería agarrar los marcos y hacerlos materiales. A los 17 también me sentía un personaje, pero se me desgarró el corazón y el mundo de cartas y postales se vino abajo como torre de naipes.

II. En las vacaciones en la playa, no tenía celular o señal. Poco acceso a internet. Lo bonito de la playa chilena es que un día está hirviendo de calor y al otro hace un frío de la reconcha, y teníamos que pasar el día adentro entreteniéndonos entre nosotros, solos o como fuera. Hacía muchas torres de naipes.

III. Anoche me fui a dormir y mi mente se quedó pegada en el limbo, pensando en ti y en un tronco que habita tu torso. La corteza se veía muy clara, como caja musical, café oscuro llena de musgo verde. Solamente podía pensar lo vivo que todo se veía, y las ramas que sobresalían de tus brazos. Te sentí un árbol joven para ser árbol, pero que lleva un rato en la tierra.

IV. El día en que necesité lentes y por fin fui a una consulta de oftalmólogo, me agrandaron la pupila sin avisarme que al salir no podría ver nada. Caminé con la mano sobre los ojos, pero la vereda reflejaba la luz y todo brillaba. De septiembre a marzo brilla más el sol y veo menos. Pero las hojas reflejan más y se ven verde oscuro y el cielo de un azul más intenso. Si me pongo mis lentes, tengo marcos. Vuelven a andar escenas.

V. Guardé todas mis postales y cartas en mi clóset. Una horrible maleta de Elvis Presley conserva la mitad, y la otra se reparte en una caja de zapatos y bolsas de museos. Un día alguien nuevo me dio una postal. La pegué en mi pared.

VI. Cuando se cayó mi casa de cartas, dejé de jugar a las escenas.

VII. Llevo cuatro días sin encontrar mis lentes. Los dejé en la parte de atrás del coche y perdí la secuencia donde me los llevé.

VIII. Me puse a ver un documental de una película secuestrada. Ella también se sentía personaje cuando chica, y también perdió algo y dejó de montar escenas. Salvo que ella de hecho le robaron 70 rollos de película. Yo solo sentí que se me caía mi torre de cartas.

VIIII. Si escribo perdido escucho la voz de Stitch leyendo El patito feo. El otro día me dijeron que me imaginaban como Lilo cuando chica. Podía ser. Me la pasaba montando coreografías y obras de teatro. Hacía el guión, la dirección, los vestuarios y actuaba. Armábamos invitaciones y las presentábamos. Mis papás nunca faltaron a un estreno (y última función).

X. Ayer mi mamá me decía que cuando éramos chicas, ella siempre procuraba tener muy presente que no se le fuese a olvidar que estaba criando a dos seres humanos. Así que siempre escuchó nuestras historias. Siempre se tomó en serio nuestras obras.

XI. Todavía me siento a veces un personaje. Hablo mucho sola. Un amigo me dijo que escribiera un guion sobre una joven que no podía enamorarse, pero sería un personaje. Sería montar escenas.

XII. Llevo ciertas cartas conmigo de hace meses. Las muevo de bolso a bolso, mochila a mochila, como rollos de película extraviados pero que conozco exactamente dónde se encuentran. Lo tremendo sería entregarlas, y volver a armar una casa de naipes.

XIII. Estirado como tronco de árbol, sentí los marcos de los lentes que no encuentro y se puso a andar una escena. Sí somos un poco una película indie, y me siento personaje. No he buscado mis lentes aún. El sol me brilla fuerte en los ojos, pero puedo mirar. Y hay otros andando en el cuadro, armando otras torres de naipes. La postal sigue en mi pared. Encontré mi material extraviado.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.