Entre el dolor y el miedo, mi libertad

No ficción

Entre el dolor y el miedo, mi libertad

El olvido es lo que le sucedió a mi abuela durante años y acabó por dejarla postrada en una cama, protagonizando la escena más agobiante que se ha visto jamás: vivir con alzheimer. Estaba convencida a los dieciocho de que la palabra que refiere al escape del recuerdo -olvido- no podía más que ser una enfermedad.

Fui la de los diarios. Fui la de los post-its. Fui la de las notas en el celular. Hice compulsivamente todo lo que había que hacer para retener los momentos y obligarlos a ser memoria. Me convertí en una melancólica empedernida y lloré todas las noches para dejar que se desbordara el dolor de mi pasado sin tenerlo que dejar ir... como si lo estuviera exprimiendo. Pasé de tener historia a ser mi historia.

Me sumergí en una persecución con mi utopía. El problema es que toda carrera resulta cansada cuando acumulamos los días vividos con todo su peso en el interior. Sólo una idea se había fugado de mi cabeza sin ser percibida: ninguna historia escrita es idéntica a la vida. Y en mi cerebro sólo había un alfabeto organizado en forma de cuento que me narraba a todas las noches en susurros antes de dormir.

Tenía un pasado plasmado en tinta sobre el cuerpo, hasta que me quedé sin piel. Un día mi corazón le negó asilo a tu nombre y sin quererlo te olvidé. Estuve segura entonces de estar haciendo el recorrido del alma de mi abuela: me imaginé viviendo sin percibir la vida. Alguien me dijo que así debía ser: hay que soltar lo que duele. Pero yo hubiera preferido abrazar un alambre de púas oxidadas el resto de mis días antes que dejarte pasar anónimo por mí.

Debo haberme reventado aquella noche, cuando tras años de perseguir tu nombre lo atrapé con la lengua y lo noté insoportable. El corazón me pedía dejarlo escapar: había motivos para olvidarte. Pero tengo la cabeza terca desde niña y encontré por solución pronunciarte hasta la costumbre. Así que con mi tono de voz predilecto y la historia que inventé, te dije mil veces. Te dije hasta que dejaste de doler.

En mis palabras no eres lo que eras: eres lo que yo decido cada noche. En mi memoria no tienes voto sino la voz que me place. Tu recuerdo se elabora a mi medida. Es así como olvido sintiendo que no lo hago: eligiendo como recordar. Aunque no siempre elijo bien.

Nada me ha dado tanto miedo como ver a mi abuela olvidar. Nada me ha dolido tanto como aferrarme al pasado por eso. He decidido no abrazar ayer sino del recuerdo, porque el ayer es nuestro y el recuerdo mío. Es así como evito el miedo sin caer en el dolor. Esta es mi libertad. Y con ella decido si hacer de tu nombre en mi memoria una flor o un puñal.

Imagen: imperial black

Valeria Farrés

Valeria Farrés

Caracas-Ciudad de México.