El peligro de un mito

No ficcióncrítica

El peligro de un mito

Cuando una característica personal se transforma en un mito, y un mito en un freno.

“No soy tan fuerte.”

“No podría.”

“No tengo la voluntad para eso.”

¿Es raro mirar con extrañeza estas declaraciones? Es lo que he escuchado una y otra vez hablando con gente.

Hay una razón por la que este blog tiene recetas veganas, y es porque llevo siéndolo año y medio. Durante todo este tiempo he escuchado estas frases de manera repetitiva, todos declarando sus sentimientos respecto a mi dieta. Cada vez que llego a un lugar, surgen las mismas preguntas: “¿Por qué?”, “¿Cuánto tiempo?”, “¿Qué comes?”, “¿Cómo dejas de comer carne?”, “¿Cómo no se te antoja un pastel?”, “¿Cómo lo mantienes?”,  “¿Cómo?”, “¿Cómo?”, “¿Cómo?”

En un mundo donde, al entrar en cualquier página de internet, hay un banner al lado diciendo la milagrosa dieta de algún doctor que hizo que una madre de Wisconsin perdiera 20 kilos en dos días; un mundo donde dando vuelta a la esquina y en cualquier estación de metro tiene un anuncio sobre pastillas adelgazantes o un bendito té chino que promete limpiarte de adentro hacia afuera; un mundo donde hablamos de aceptación (menos mal comenzamos a hablarlo) pero nos odiamos frente al espejo cada día y cada noche, no hay descanso. Sólo escuchamos anuncios gritándonos qué deberíamos comer y hacer, un oxímoron de bienestar y comida rápida, y entremedio nos decimos a nosotros mismos “no tengo la fuerza”.

Creo, con toda sinceridad, que no hay mayor veneno que aquella frase. Un no puedo y un punto final. Tirar todas las herramientas al suelo y quedarse parado en el lugar, inmóvil.

“No soy tan fuerte.”

Miro con extrañeza porque ya son frases sin valor para mí en relación a mí misma (y porque he descubierto recientemente que soy una persona con reacciones gestuales no intencionales muy notorias.) Porque un día decidí probar, vencí el no creer en mí misma. No tengo la receta del millón ni voluntad de hierro. Tengo ataques de ansiedad. Alterno entre el hambre y las ganas de vomitar cada vez que me siento nerviosa, y no tengo un umbral de calma realmente extenso. Pero miro con extrañeza porque alguna vez pensé lo mismo de mí: que simplemente yo no era esa persona. Era alguien sin control, alguien con una obsesión, alguien con una excusa, cosas que me repetía como una justificación.

Cada día aprendo más y a veces tengo caídas. Paso algunos periodos en que me cuesta encontrar un norte de nuevo, y dejo de creer en mí misma. Pienso que quizá, después de todo, no era esa persona. Pero si alguna vez tuve calma, puedo tenerla de nuevo.

No te repitas “no puedo”. No cantes “esa no es quien soy”. Sacúdete los mitos. Mi veganismo es sólo un ejemplo. Lo hago por salud, por creencias, por una alineación moral. Lo probé y supe que era lo mejor para mí. De ahí continué hasta llegar al veganismo absoluto y conocer los escondrijos de la nutrición, y a momentos tengo una voluntad inquebrantable, y otras veces, no tanto, pero los mantras que te repites son el eco que das en todo lo que haces. Lo uso de ejemplo porque es lo que a lo que más escucho responder aquellas frases. Nadie comprende que son mitos.

Creer que no puedo controlar mi bienestar mental y físico irradia mi realidad con una sensación de derrota. Y al final me levanto, porque supe que pude. Esas frases ya no tienen valor porque las superé.

Por lo que digo, lector: sí, eres fuerte. Que ese sea tu mantra.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.