El Fuego y el Arte

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El Fuego y el Arte

Cry out into the darkness
the sermon that does not cease:
You cannot be abandoned;
You can only be released
- Derrick Brown

Venimos al mundo hechos de arcilla cruda. Las manos de aquellos que nos cuidan en este estado de pelota húmeda y moldeable nos dan nuestra primera forma. Si son buenos escultores, saben que tarde o temprano van a tener que someter a la arcilla al horno. A pesar de que esto signifique resistir el calor, el dolor, y la luz cegadora del horno, no se puede negar que sin el fuego la arcilla no se convierte en nada.

Y no me malinterpreten, hay quienes se someten a llamaradas desmedidas hasta que se confunden con los carbones. Yo entiendo ese miedo a terminar calcinado; nadie quiere ser un quemado. Pero considero peor destino el de aquellos que se terminan resecando, atemorizados del fuego y por ende inmóviles para no desfigurar su forma cruda y frágil. Aquellos que tratan de moverse colapsan bajo su propio peso, en pedazos o muy crudos que se quedan pegados los unos a los otros, o resquebrajados que se hacen polvo al tocar el piso.

Rechazo la posibilidad de que mis pies se queden en el barro cuando mueva mis piernas. Prefiero el fuego, que a pesar de ser doloroso, nos evapora las dudas que nos hacen blandos y cauteriza las heridas que nos desangran y resecan, para que nuestro cuerpo pueda no solo mantener su forma sino fortalecerse con una coraza de cerámica. En vez de estar atemorizados de los fuegos de la vida, debemos entender que sin fuego no hay arte, sin fracaso no hay aprendizaje, y sin aprendizaje no hay progreso.

El dolor que sufrimos en el horno es parte de la cocción natural de nuestra arcilla y nos solidece al mismo tiempo de que nos embellece. Por esta razón no debemos detenernos cuando las llamaradas empiezan a acariciarnos. Ese dolor tiene que ser esperado, bienvenido, y apreciado. Hay quienes incluso lo añoran, ignorando la advertencia de estatuas hechas carbón, mientras saltan a las llamas del horno pues ese fuego inspira leyendas y le añade salsa picante al plato insípido que sería la vida sin ella.

Y sí, habrán quemaduras, estará el calor, y siempre las ganas de salir del horno. Pero yo he decidido adornarme con mis quemaduras, reirme de los dolores, y ponerme cómodo en vez de buscar salida. Prefiero poner el trabajo extra de tratar de estar cómodo en el horno, porque no tengo la energía para estarme quemando y además estar amargado. Se necesita esa energía para poder saber cuando salir del horno, cuando uno ya no esté crudo y al mismo tiempo no completamente quemado. Solo así podemos emerger del horno encarnando la forma de Golem, cuyas palabras sagradas están escritas en las manchas negras del fuego que serpentean nuestros cuerpos como tatuajes Maorí.

Marcelo Federico Bertorelli Reyna

Marcelo Federico Bertorelli Reyna

imagen de Matthieu Bourel