El estigma de la salud mental

críticaNo ficción

El estigma de la salud mental

He visto múltiples videos, posts, libros, comentarios de personas hablando sobre el estigma que rodea la salud mental, pero no he visto tantos en español queriendo discutir al respecto. Creo que es un error. Creo que hay que comenzar a hablar más abiertamente de ello, si es que mis últimos años de escuela son alguna prueba de ello. Y no lo digo sólo por mí, sino por todos quienes me rodeaban. Y por todos, me refiero a todos.

No creía en los psicólogos. Hoy me pregunto por qué, y sinceramente no encuentro respuesta. No tenía una razón, pero así era. Así que cuando mi mamá me dijo que empezaría ir con una psicóloga, me dio terror. Para eso sí encuentro sentido: siempre he tenido problemas de vulnerabilidad. Así que la idea de llegar con un extraño a abrirme sobre todo lo que me pasaba me hacía sentir expuesta y débil.

Al principio fue complicado. No quería que nadie supiera, me avergonzaba la sensación de debilidad que me confería ir a terapia. Sentía que no me lo había podido sola, y esa noción sólo me hacía sentir más frágil. Así que tampoco cooperaba. Las primeras sesiones fueron sobre trasfondo familiar, mis amigos y el ambiente en la escuela. Eso podía hacer, hablar de los demás. Se me da bien. Me gusta contar historias.

Cuando mi hermana comenzó a ir a terapia con la misma psicóloga, ella le dijo “tu hermana me hace parir chayotes.” Me reí montones, y también me dio una sensación de triunfo. Había conseguido mantenerme hermética, dura. Me sentía más fuerte así, incluso cuando por dentro sentía que me estaba deshaciendo.

¿Por qué será que somos una generación especialmente doliente? Una generación característicamente triste y sola. A pesar de todas las posibilidades de comunicación que tenemos, y que crecen día tras día, nos caracteriza una soledad latente. O quizá por ellas mismas nos cuesta generar relaciones cercanas y significativas. Quizá los medios sociales posibilitan relaciones de bajo mantenimiento, donde un snap o un post en Facebook es suficiente para mantenernos en la vida de los demás, pero no exigimos más.

Al entrar a Tumblr, encontramos montones de jóvenes compartiendo poemas y volviendo el dolor algo romántico. Son otras formas de lidiar, compartiendo la soledad con todo el internet para ver. Pero de alguna forma, es precisamente esto lo que está abriendo la puerta a una conversación sobre salud mental y la noción de que una enfermedad de la mente es tan válida y real como una física.

No he dejado de reír desde que aprendí a llorar.

Honestamente, ir a terapia fue lo que me sacó del hoyo, y lo que me permitió abrirme un poco más al mundo. No diré que fue fácil y rápido, porque más bien fue extenuante y pareció infinito. En cada sesión me mantenía dura, pero salía a sollozar. Pero, ¿valió la pena? Completamente. ¿Alguna vez me solté? Sí, y no podía parar de llorar. Y si soy muy sincera, no dejado de reír desde que aprendí a llorar.

Ahora si alguien me pregunta si he ido a terapia, lo digo abiertamente, y recalco lo mucho que me sirvió. Ya no me siento avergonzada, dado que abriéndome y bajando la guardia me hice más fuerte.

Espero que esto resulte en una invitación a hablar sobre la salud mental, a preguntar, a acompañar, a abrirse. Hoy se pone más presión sobre los jóvenes que nunca, y la exigencia es demasiado alta, dejando de lado la salud de la persona. Es tan alta la probabilidad de tener a alguien cerca que no puede escribir porque sus manos tiemblan demasiado como para teclear o sostener un lápiz, o que sus pensamientos son una maraña destructiva. O ser ese alguien.

Necesitamos una sociedad en la que se pueda pedir ayuda.

No están solos. Y si algo puedo prometer, es que todo va a estar bien.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.