El Baño de los Espejos

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El Baño de los Espejos

En mi casa hay un baño que tiene espejos gigantes que abarcan las 4 paredes del apretado cuarto. “Antes era un closet” me dijeron los roomates entre risas al ver mi confusión “Y ahora es la poceta de las revelaciones”

Mi primera experiencia fue exactamente eso: reveladora. Al cerrar la puerta los espejos empiezan a alinearse en un aleteo de luces que culmina en una visión de ángulos infinitos de aquellas partes del cuerpo nunca antes vistas. La sobrecarga sensorial de ver el caleidoscopio de perspectivas que solo habían explorado doctores especializados, y posiblemente algún valiente amante, me aturdió de tal manera que caí en la poceta con los pantalones en los tobillos. Inmovilizado por el shock, entré en un trance mientras distintas imagenes de mi ser volaban a mi alrededor.

Vi en mi mente un portafolio gigante hecho de espejos, desplegado en tres dimensiones a mi alrededor. Vi ángulos de mi que nunca quise, partes feas y lados atemorizantes. Vi también reflejos de belleza y carisma. Lo interesante, en verdad, fue ver aquellas reflexiones en las que las unas se convierten en las otras; Ver los ángulos imposibles en las que las partes que despreciamos de nuestro ser interactúan con nuestros lados amados.
En esas imágenes en las que las perspectivas binarias del ser se confunden, uno entiende la fluidez del ego.

Despertando del trance habiendo apreciado la importancia de poder verse desde varias perspectivas, y en el proceso aliviar mi vejiga, me subí los pantalones y abrí la puerta hacia el mundo exterior. Cerré la puerta detrás de mí y sonreí al ver que apenas eran las 11:47 y ya había tenido una epifanía con los pantalones alrededor de los tobillos.

Marcelo Federico Bertorelli Reyna

Marcelo Federico Bertorelli Reyna

imagen de Matthieu Bourel