Editorial octubre 2018

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Editorial octubre 2018

Liberarse suena a un lugar común, a crisis adolescente, de los 30, de los 40, de cuando sea, de toda manera, de todo momento, de comedia romántica. Y quizá las historias, extraídas de un segmento de tiempo, nos hacen creer que hay una gran liberación en el transcurso de una vida. Pero ese es tan solo el conflicto de un pedazo de historia, la que aparece, crece y se convierte en el clímax que nos para los pelos y al final, surge la liberación. De una forma u otra, la tensión se disipa y las cuerdas que tejían complicadas redes ceden y se deshacen.

Y como toda idea de comedia romántica, se banaliza. La liberación es superficial, rebelde, irreverente. La realidad es más pesada y el mundo se carga en la espalda. Como las máscaras de arcilla que se amarran contra el rostro y rasgan la piel, y cuando caen nos sentimos irreconocibles. Pero ligeros.

Hay un fragmento de Pablo Neruda que me resuena en la cabeza
pensando
soltando pájaros
enterrando lámparas

Y pienso en la idea de las lámparas como faroles, pero hay algo frenético en el ir y venir de la luz en cuanto gira para señalar que allí hay tierra. Como un retumbar constante de un tambor a la distancia, pero que solo golpea con luz y sin sonido. Entonces cavamos agujeros para enterrar las lámparas que en algún momento sirvieron de luz y guía. Soltando pájaros que parecieran elevarnos pero que nos arrastran por el aire a su antojo. Cortar cuerdas y dejarse caer. Quizá caigamos sobre un aromo con flores hechas de luces cultivadas.

Octubre, al contrario de oscuridad y disfraces, está lleno de luces que iluminan los ángulos más tenebrosos. En lugar de recibir una luz divina desde arriba, sacamos linternas y nos las apuntamos desde lo oscuro hacia lo escondido en un rincón, y que solamente se volvió tenebroso por la falta de visibilidad. Enterrando lámparas. Como topos con linternas.

Amanda González Alarcón

Amanda González Alarcón

Chilena paltera, 23 años. Instagram: @amandinalaandina.