Editorial: Lugares sagrados

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Editorial: Lugares sagrados

El primer lugar sagrado al que fui fue a la iglesia. Íbamos cada domingo. Sabía que tenía que ir con respeto y en silencio, sentarme cuidadosamente y prestar atención. Era la casa de Dios. ¿Pero dónde estaba la cama? ¿Y la cocina? ¿Por qué llenaba su casa de bancas? Esas preguntas no se hacían. Había partes de la iglesia a las que no se llegaban. Tal vez ahí.

Cuando crecí y me paré de tomar en serio a ese Dios en particular, paré de ir a la iglesia. De todos modos he entrado en algunas ocasiones desde entonces. Todavía se siente el aire de reverencia. Todavía me quito la gorra antes de entrar. Todavía susurro. Pero desde que paré de ir, he encontrado lo sagrado en otros lugares.

Me gusta pensar en la manera en la que las personas se desenvuelven en sus espacios. Me interesa la sacralidad o el respeto con el que hacen sus ritos cotidianos. Habiendo estado en la casa de dios, ¿cómo se tenía que comportar uno en estas otras casas? Al principio haces igual. Entras, saludas amablemente, y no dices demasiado. ¿Pero el resto? Nadie te cuenta que en casa de Guada todos tienen que estar sentados en la mesa antes de comer. En casa de Amanda el azúcar que usan es moreno (una vez le eché sal a mi té). En casa de Diana la sal es rosada y si sobra en el fondo del bowl de las cotufas, se usa para cocinar otras cosas.

Me encanta llegar al punto en el que ya conoces la casa de la otra persona. Sabes qué cuelgan en sus paredes, qué libros hay en sus bibliotecas, y sabes cómo se mueven en el espacio. Ahí está lo sagrado, en esas reglas no escritas.

Las casas de mis amigas son distintas a las iglesias. Comparando desde mi registro de lugares sagrados, me gustan más estas. Ellas sí tienen cama (detalle muy importante para las siestas), pero creo que la diferencia fundamental es que con ellas me siento cómoda. En la iglesia nunca me pude quitar los zapatos ni me prepararon tecito. El vino no es mi bebida de preferencia, y el límite de una sola hostia no es lo mejor.

Uno también decide qué sacralizar. Las personas a las que amo forman parte de lo sagrado de sus espacios. Se sienten un poco como ellos.

En Las Paltas estaremos hablando de los lugares sagrados. ¿Son un espacio físico? ¿Un cuerpo? ¿Dónde están? Léenos a ver.